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Opinión


21 Mayo, 2016.

La seguridad ciudadana en agenda (a la fuerza)

Hace bien la ciudadanía en levantar su voz de protesta.

Renzo Ibáñez

| Columnista invitado

Ha sido una semana intensa. Políticamente, el debate técnico fue opacado por la sorpresa que anunciaba el programa Cuarto Poder y que emitió apenas terminada la polémica . Quitando el interés subrepticio de la nota periodística, lo que quedó claro para todos es que el secretario general del partido de Keiko Fujimori podría estar investigado por la agencia antinarcóticos estadounidense (DEA) y que, más claro aún, el personaje tiene en nuestro país investigaciones en curso nada menos que por lavado de activos.

Por otro lado, la sociedad peruana se ha visto conmocionada por la creciente ola de asaltos a mano armada, la cual no llama la atención sólo por su frecuencia sino por la carga violenta y letal —Pérez Guadalupe dixit— que contienen las acciones de los inescrupulosos. Los alrededores de colegios y universidades han sido convertidos en sus lugares de “trabajo” y las calles, en el paredón donde más de las veces terminan sus vidas jóvenes estudiantes, el futuro del país.

Así, las investigaciones fiscales a Joaquín Ramírez y las muertes de jóvenes estudiantes en manos de raqueteros son dos caras de la misma moneda: la inseguridad ciudadana. Tanto el crimen organizado, del que se desprenden delitos como la extorsión y el sicariato, como  la delincuencia común han asomado a la esfera pública de manera desafortunadamente didáctica. En ese sentido, la realidad ha dado la más fuerte bofetada tanto al gobierno por su inacción como a los dos postulantes y sus respectivos equipos, por no abordar de manera seria los temas que urgen y por los cuales el país actualmente se desangra.

Entonces, frente a insensibilidad de los políticos y la absoluta incapacidad de las instituciones encargadas, hace bien la ciudadanía y la sociedad civil organizada en levantar su voz de protesta. Veo con enorme optimismo las convocatorias a marchas por parte de los universitarios, y las campañas en medios de comunicación y redes sociales para sensibilizar sobre lo funesto de la compra de celulares robados.

Estas iniciativas no solo fortalecen la democracia cuando generan desde la presión cívica incentivos para mejorar la calidad del debate público, sino que también logran efectivos cambios institucionales y acciones concretas en salvaguarda de nuestras propias vidas.

La seguridad ciudadana es tarea de todos; forcemos a que, en lo que queda de campaña, se debata con argumentos —y no con argucias— el futuro de los peruanos.  


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