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Opinión


6 Abril, 2016.

La recta final

Quienes pronostican resultados son como quienes pronostican la historia de los pueblos: a la larga o a la corta terminan sorprendidos.

Jorge Secada

| Columnista invitado

Estamos ya en los últimos días de una campaña que se ha caracterizado por la volatilidad del electorado y por los intentos, desde ambos extremos, de polarizar la elección. Nuevamente, el mejor consejo a los ciudadanos es el único consejo pertinente en estas circunstancias: deliberar con la mayor objetividad y votar por quien considere mejor.

Es difícil exagerar la necesidad de decidir el voto con independencia, y especialmente, con independencia de cálculos y pronósticos sobre lo que pasará el 10 de abril o después. Quienes pronostican resultados son como quienes pronostican la historia de los pueblos: a la larga o a la corta terminan sorprendidos.

Hay quienes creemos, a contracorriente tanto de liberales como de marxistas, que la densidad de la naturaleza humana es inagotable y que la imaginación de los hombres construye identidades que ninguna ley de la historia o la sociedad puede abarcar.

El futuro de los hombres no se predice. Uno no descubre qué va a hacer, sino que lo decide con libertad o encarcelado por prejuicios, apetitos o intereses.

La deslucida participación de Kuczynski en el debate presidencial, donde sorprendentemente dió la impresión final de estar escribiendo su epitafio, ha hecho poco por responder a la principal duda que tiene el electorado respecto de su candidatura: lejos de asegurar el cambio que claramente necesita y pide el país, se presenta como más de lo mismo pero mejor administrado.

¿De qué les sirve el crecimiento económico de los últimos años a las madres cuando enfrentan el infierno que es buscar y recibir atención médica para su hijos sin contar con medios económicos? ¿De qué le sirve al estudiante mediano y nacido en la pobreza la innegable mejora en resultados educativos medidos con pruebas estandarizadas?

El Perú requiere integración, igualdad y justicia, porque sin ellas puede haber crecimiento macroeconómico pero no habrá verdadero desarrollo.

PPK ofrece dos gotas de chorreo donde antes ha caído solo una. Frente a un electorado que pide cambio, PPK no convence. En esta recta final, eso puede estar llevando al desmoronamiento de su electorado, particularmente de aquel segmento que se pasó a él cuando salió Guzmán.

El formato mismo del debate presidencial favoreció a Verónika Mendoza, quien logró vender su imagen de simpatía y sencillez. Pero las recientes críticas de alguien cuya honestidad e integridad están fuera de dudas como Daniel Abugattás, acusaciones que la candidata misma ha abonado con tibias respuestas y pequeñas falsedades, están ya pasando factura. La mayoría quiere cambio, pero son pocos los que están dispuestos a ensayar cambios que representen falta de trabajo, desnutrición, carestía e inseguridad.

Mientras muchos en el entorno de Mendoza siguen creyendo en los cambios revolucionarios y en las medidas estatistas, hay quienes aún no olvidan lo que fue el primer gobierno de Alan y lo que se oculta detrás de la eufemística “equivocación en la apreciación de las circunstancias objetivas”.

La subida del Frente Amplio en las encuestas ha sido lenta, más una olita chorrillana que un tsunami. En esta recta final puede estancarse y revertirse.

Quien podría beneficiarse de las falencias de estas otras candidaturas, es el que menos tiene que perder. Luego de su presentación en el debate presidencial, Alfredo Barnechea parece haber superado los problemas que ha enfrentado su campaña en semanas pasadas. Al recuperar su discurso radical de cambio democrático, Barnechea podría jalarle votos tanto a PPK como a Mendoza.

En todo caso, es inoportuno hacer pronósticos. Lo que busco en cuanto especulo es asentar la necesidad de pensar con independencia. Cada elector debe considerar las opciones y votar por quién mejor represente su visión del país.  


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