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Opinión


7 Enero, 2018.

¿La presidencia bien valió un indulto?

Algunos con entusiasmo casi estudiantil creen que los diez congresistas comandados por Kenji Fujimori pasarán a ser incondicionales del debilitado presidente, pero en política muchas veces las lealtades solo son coyunturales.

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

“París bien vale una misa” es una frase atribuida a Enrique IV, quien siendo protestante accedió en 1593 a abrazar la religión católica para poder asumir el reinado de Francia, territorio que estaba envuelto en una situación muy crítica por las guerras de religión que los habían enfrentado durante varios años. ¿Podríamos pensar lo mismo de la maniobra realizada por PPK para salvar su mandato? Si bien es cierto que la oposición no logró los votos necesarios, los costos políticos aún están por verse: las renuncias de ministros y miembros de su bancada solo han puesto al descubierto el estado calamitoso en el que quedó su gobierno.

Algunos con entusiasmo casi estudiantil creen que los diez congresistas comandados por Kenji Fujimori pasarán a ser incondicionales del debilitado presidente, pero en política muchas veces las lealtades solo son coyunturales, y la verdad es que nada garantiza que los hijos de Alberto hagan las paces y no terminen teniendo de rehén a quien por no quedar mal con nadie puede terminar quedando mal con todos.

Y se produjeron las movilizaciones callejeras, compuestas por los conocidos grupos “yo no sabía”, “estamos indignados” y “me siento traicionado”, aunque resulte inconcebible que quienes celebraron que miembros de la bancada de Fuerza Popular decidieran no apoyar la vacancia tengan hoy el cuajo de quejarse de lo ocurrido. La situación era clarísima: tan obvia como que los grupos comunistas y la caviarada local han perdido uno de sus argumentos de subsistencia. Ahora tendrán que olvidarse de Alberto y proponer programas alternativos de gobierno (si es que alguna vez tuvieron alguno) para mantener cierta vigencia en nuestro variopinto y turbulento panorama político.

Y volviendo a PPK: ¿se imaginan si dentro de las declaraciones de Odebrecht que siguen llegando surgen nuevos indicios de tráfico de influencias y corruptelas sobre su persona?

El porvenir no es muy halagador para nuestro mandatario. Creo que, a diferencia de Enrique IV, esta reciente jugada no le garantizará la supervivencia. Aunque en política todo sea posible nunca está demás preguntarse: ¿la presidencia bien valió un indulto?


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