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Opinión


11 Mayo, 2018.

La moral progresista

El relativismo de la progresía considera que la vida, la muerte, la moral y hasta el sexo son relativos. Son una "construcción social" en la que no existe ni bueno ni malo; todo depende de las circunstancias.

Jorge Villena

| Columnista invitado

He leído con preocupación la última columna de Juan Carlos Tafur en la que se vierte una serie de calificativos que considero equivocados y exagerados. Sobre todo, me preocupa el tono agresivo contra quienes han organizado y participado de la Marcha por la Vida. Se les califica de fundamentalistas, machistas y ultraderechistas, entre otros epítetos, por el simple hecho de expresar convicciones a favor de la vida humana y en contra el aborto.

Es normal leer ese tipo de expresiones en redes sociales o protestas, pero no en una persona inteligente como Tafur, a quien respeto. No escribo estas líneas, sin embargo, para refutar calificativos o cifras: y también resulta innecesario demostrar que se movilizaron cerca de un millón de personas allí donde Tafur solo vio cien mil. En realidad, lo que me mueve a escribir es el concepto con el que Tafur contrapone lo que representa la Marcha por la Vida: el progresismo moral.

El progresismo moral no es otra cosa que el relativismo, signo de nuestros tiempos. Lo relativo como opuesto a lo absoluto. Cuando se habla de valores como la honradez, el respeto al prójimo, la responsabilidad, la puntualidad, de lo bueno y lo malo, hablamos de valores absolutos pues no se puede ser medio honrado o medio puntual.

La vida humana es un valor absoluto, uno está vivo o muerto, no hay persona muerta a medias.

El progresismo moral o relativismo considera que la vida, la muerte, la moral y hasta el sexo son relativos. Son una “construcción social” en la que no existe ni bueno ni malo, que todo depende de las circunstancias. Algunos creen que el aborto –que no es otra cosa que el asesinato de un ser humano en el vientre materno– no es del todo malo. Es bueno dependiendo de si es fruto de una violación, de si tiene alguna enfermedad o, en el caso extremo, de si los padres son pobres o simplemente desean descartar al feto porque tuvieron relaciones sin precaución.

Creer que hay valores fundamentales que constituyen y refuerzan una sociedad, y que estos deben ser defendidos en su cabal significado, es suficiente para ser calificado como un conservador.

El progresismo no representa un modelo de desarrollo económico, aunque la mayoría de sus representantes merodee las posiciones estatistas. Ellos quieren impulsar su agenda igualitaria por medio de la cultura y la academia, como reconoce Tafur. Pero al final no es una lucha moral sino cultural, ahí donde se forman los conceptos y valores de la sociedad. Por ello su lucha contra la Iglesia Católica, la familia y contra toda aquella institución que defienda valores absolutos.

La Marcha por la Vida es un recordatorio de lo que es la nación peruana: personas de diversos credos, condiciones económicas, sociales y procedencias unidas por valores en común. La defensa de la vida. El conservador es consciente de que nuestro país tiene muchas cosas por cambiar y mejorar, pero además de que ningún logro material se alcanza vendiendo los principios que constituyen el alma y valores de una nación. El progresista rechaza la existencia de una moral pública, de valores compartidos: estos deben ser confinados a la esfera personal y privada, y la única norma moral es la que dicta la ley a través de sus políticos y burócratas.

Si el Estado es la representación política de la nación, ¿entonces qué valores deben representar estos políticos y burócratas?


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