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Opinión


27 Enero, 2017.

La Marina de Guerra del Perú y el fallo de La Haya

Nuestra armada demostró su capacidad y aptitud para la paz y el desarrollo nacional.

Michel Laguerre Kleimann

| Columnista invitado

Se cumplen tres años años desde que la Corte Internacional de Justicia de la Haya determinó el fin de la controversia que manteníamos con Chile respecto a nuestra frontera marítima, reconociendo para el Perú derechos soberanos exclusivos en un área de 50 172.69 km2.

Luego del fallo, zarpó hacia al área marítima reconocida por la CIJ la embarcación de investigación científica B.A.P. “Melo” y la patrullera Oceánica “Guardiamarina San Martín”, con la finalidad de velar por la seguridad de la vida humana en la mar, la protección del medio ambiente, sus recursos y riquezas, el control e interdicción de toda actividad ilícita, así como recopilar información técnica e hidrooceanográfica. Posteriormente, hizo lo propio el “José Olaya Balandra”. Este acontecimiento evidenció lo favorable de la concienzuda estrategia de Estado. Es así que dentro de esta, la estrategia marítima es un componente de la estrategia nacional, la cual tiene un sentido más amplio que la naval, a la cual la complementa.

De esta conjunción de exponentes del poder marítimo peruano (IMARPE y DICAPI, por ejemplo), se apreció que el abanico de recursos marítimos identificados fue totalmente prometedor.

Como puede deducirse, el esfuerzo desplegado por varios sectores fue positivo y de unidad. Entre estos, la Marina de Guerra del Perú tuvo la oportunidad de demostrar sus capacidades y aptitudes para la paz y el desarrollo nacional como ya lo hizo en el pasado: en las comisiones demarcadoras de límites con nuestros demás países vecinos de los años 1912, 1917, 1918, 1919, 1927 y 1928. Esta última dirigida por el capitán de fragata Federico Díaz Dulanto, quien contó como ayudantes a los capitanes de corbeta José Félix Barandiarán y Hernando Tudela y Lavalle.

Recordemos que de las diecinueve funciones de la Ley de Marina, más de diez están relacionadas con los intereses marítimos, lo cual le da a la Armada una connotación más de participación en el progreso y desarrollo, donde el poder naval custodia la riqueza existente.

Obsérvese que entre los miembros de la delegación ante la CIJ se encontraban abogados, historiadores, traductores, diplomáticos y oficiales de marina: el vicealmirante Carlos Gamarra (asesor especial), capitán de navío Aquiles Carcovich (cartógrafo) y el capitán de corbeta Jaime Valdez (cartógrafo), quienes soportados por los trabajos de la Dirección de Hidrografía y Navegación, entre otras, pusieron el aporte técnico al ámbito marítimo que dio solidez práctica a la demanda peruana.

Es así que, en cumplimiento del mandato contenido en el fallo, el Perú y Chile —en un ejercicio de buena vecindad— realizaron en tiempo récord los trabajos de campo y de gabinete que condujeron a la suscripción del Acta del 25 de marzo de 2014, donde constan las coordenadas precisas, medidas conjuntamente y correspondientes al límite marítimo definido en la sentencia de la Corte del 27 de enero de 2014. Sobre esta base, el Estado peruano aprobó la nueva carta del límite exterior-sector sur del dominio marítimo nacional mediante el DS 035-2014/RE del 19 de agosto del mismo año.

Esta labor binacional generó que el juez Peter Tomka, presidente de la CIJ, felicitara “al Perú y Chile, en particular a los presidentes, ministros de Relaciones Exteriores y ministros de Defensa, por haber acordado —en un plazo de dos meses desde la emisión del fallo— las coordenadas geográficas precisas del límite marítimo, sobre las bases de la descripción establecida en el fallo de la Corte Internacional de Justicia”.


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