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Opinión


26 Noviembre, 2017.

La macabra seducción del poder

Susana Villarán intentó enfrentarse a una parte de la historia política del país pero, lamentablemente, una vez en el poder se abrazó justamente con lo que más criticaba.

El poder es crudo y soberbio. Genera intrigas y ambiciones. Y cuando se ejerce, puede ser demoledor. Lo vemos en la historia: por el poder se han generado guerras, asesinatos, envidias, traiciones, formas de abuso, alianzas inusitadas, robos, etc.

Sin embargo, a pesar de eso, a muchos el poder les resulta cautivador y hasta sugestivo. Muchas veces además el poder cambia a la gente: la convierte en fría y calculadora. Genera falsas ilusiones, escenarios desmedidos, comportamientos arrogantes (a veces absolutamente déspotas); afecta el narcisismo de sus protagonistas; da una falsa seguridad y transforma. El poder en sí mismo puede ser prepotente, autoritario, despectivo, deformante. Es como una gran verdad, que en el fondo es una mentira.

Y aunque el poder es eterno como forma de organización, su práctica suele ser efímera. Por lo mismo puede ser muy alienante. Cuando esto ocurre, todos nos damos cuenta, menos los que lo ejercen. Hay gente que por poder prefiere incluso delinquir, dejando para después las consecuencias de sus actos. Lo hemos visto varias veces. La ambición, su adrenalina, la falsa ilusión que genera, la lucha que despierta, la sensualidad mediática ante los medios, la palabra protagónica, la adulación, los grandes contratos, su libertad de acción, la fama, el protagonismo, el manejo del dinero, terminan siendo, en muchos casos, catastróficos.

Algo de eso debe haber sido lo que capturó a la exalcaldesa de Lima. Cuando ella postuló, estábamos en líneas generales ante una mujer con una asertiva sensibilidad social y con sentido de reclamo y de otredad: una persona que se había hecho con esfuerzo un espacio público, que había luchado para tener una voz propia, que quería válidamente participar en política, que enarbolaba un discurso contra la corrupción. Uno podía discrepar de sus ideas, pero estas eran aceptadas como parte del juego democrático. Muchos, además, veían en ella a una persona íntegra; también le encontraban falencias, pero finalmente era reconocida como una opción en el panorama político.

Hoy pesan sobre Villarán acusaciones de impacto. ¿Qué pasó? Las informaciones nos han dejado a todos en la sorpresa, en la incredulidad y el asombro.

¿La cambió el ejercicio del poder? ¿Fue resultado del bullying político al que fue sometida, la presión de una revocatoria que la arrinconaba casi de manera desesperada? ¿Fue temor, vergüenza, cuestión de ego? Algo pasó que sin querer queriendo la transformó. Y el golpe ha sido casi mortal no solo para la izquierda sino para toda la clase política peruana.

Todos recordamos que la exalcaldesa de Lima se comprometió a no ir a la reelección si ganaba el NO. Pero grande fue la sorpresa cuando decidió incumplir esa promesa y postular nuevamente. Le dijeron que no tendría opción, que quedaría tercera o cuarta, que no era recomendable que postulara, que diera la oportunidad a una de sus regidoras más jóvenes y, sobre todo, que había prometido lo contrario. Ella no escuchó.

Al parecer, Susana buscaba quedar segunda en esa elección y desde esa posición liderar luego a una centroizquierda. Después buscaría postular en alguna lista presidencial. Se llegó a especular que postularía con Acuña. Y, para sorpresa de muchos, acabó extrañamente postulando a la vicepresidencia en una lista digitada por los Humala-Heredia. Estaba claro que buscaba un blindaje. ¿Su pacto con los Humala fue solo político?

Nadie está diciendo que la exalcaldesa se ha enriquecido. Al parecer, lleva una vida alejada de lujos. Basta recordar que hace un tiempo fue asaltada en un taxi. Entonces, ¿qué pasó? ¿Buscó fondos para sus campañas y no para su provecho personal?

Igual, de comprobarse estas graves denuncias, su suerte estará echada. Y todo por haber entendido de manera equivocada el poder, por no haber tenido la fortaleza personal y social necesarias para afrontar un encargo político sin debilidades ni tentaciones. No es la primera vez que ocurre algo así: nadie sabe para quién trabaja.

Susana Villarán intentó enfrentarse a una parte de la historia política del país pero, lamentablemente una vez en el poder se abrazó justamente con lo que más criticaba.


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