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Opinión


6 Octubre, 2018.

La Lima en la que votaremos (II)

Las propuestas son múltiples: unas cuantas serias, otras hasta surrealistas. Votaremos luego de ver las áreas verdes llenas de publicidad y, no obstante, sin información clara y transparente sobre las fuentes de financiamiento.

Los diez millones de personas que alberga la capital implican una problemática de trabajo y la necesidad de un amplio soporte de producción. La ciudad necesita producir mejor y la gente, una adecuada preparación para el trabajo.

Lima es una ciudad de emprendedores informales: la gente trabaja y trabaja, casi sin descanso. Los limeños invierten hasta cuatro o cinco horas diarias de su tiempo para trasladarse de ida y vuelta al trabajo. El problema del tráfico va de menos a más, sin visos de solución. Evitamiento, por ejemplo, antes era una vía rápida y hoy es una autopista lenta y hasta atracada. Nada indica que esto vaya a cambiar; más bien es lo contrario: todo parece indicar que empeorará.

La ciudad cada día es más insegura. Son frecuentes los asaltos en moto. Antes, un ladrón robaba una cartera y corría; ahora asalta y sale disparado sobre ese vehículo. Es decir, uno sale a caminar, a pasear o al trabajo siempre bajo el riesgo de ser asaltado.

Adicionalmente, algunas bandas se organizaron para tomar las instituciones, entre ellas, ciertos municipios que han llegado convertirse en centros de operaciones para delinquir, para robar, para generar legislación y autorizaciones antojadizas. El concepto de municipio-botín se fue abriendo paso en algunos distritos ante la impotencia de la población. Muchos de los permisos pasan por coimas, por porcentajes, por formas irregulares de agradecimiento. Hay cuadras en las que incluso los lavacarros tiene que pagar un cupo por trabajar; todo esto con una complicidad caleta que lo estructura.

A todo esto, hay que añadir la poca participación de partidos políticos con una doctrina sólida, trabajo de bases y con ciudadanos con mística y entrenamiento. Varias agrupaciones políticas llevan a candidatos de oportunidad, prestados o a los que se alquilado.

Obviamente hay excepciones y candidatos muy serios y profesionales, pero lo anterior y mucho más confluirá en las elecciones de este domingo. Hay veinte candidatos para la ciudad. Las propuestas son múltiples: unas cuantas serias, otras hasta surrealistas. El debate, aunque nos haya servido, ya no es propiamente un debate desde hace varias elecciones.

Iremos a votar a unas elecciones que presentan dudas sobre temas como la conformación de algunos partidos (improvisados de principio a fin), la recolección de firmas, los candidatos con juicios, con expresiones de xenofobia. Votaremos luego de ver áreas verdes llenas de publicidad y, no obstante, sin información clara y transparente sobre las fuentes de financiamiento.

Ojalá esta vez no nos equivoquemos en nuestro voto. Mucha suerte a todos los candidatos que desean trabajar de manera auténtica por la ciudad que nos acoge.


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