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Opinión


24 Agosto, 2018.

La furia también candidatea

¿Votos a costa de la desgracia de otros seres humanos?

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

Desde pequeño me enseñaron que una sociedad solo puede hacerse grande en base a la solidaridad de los ciudadanos que la conforman. Y si bien es la manera más idónea para alcanzar metas en común, también es la más difícil de entender para muchas personas: en especial para aquellos que de algún modo se creen con la facultad de poder gobernarnos.

Vivo ejemplo de ello han sido las recientes declaraciones destempladas de Ricardo Belmont, quien con la infeliz frase “que se defiendan solos y peleen por su país” implícitamente estaría promoviendo la xenofobia contra los miles de refugiados venezolanos –que no solo han llegado al Perú sino que se han desplazado a toda la región– víctimas de un gobierno sanguinario liderado por el impresentable Nicolás Maduro. Huyen de quien a base de una represión sin parámetros ha convertido en tierra de nadie un país otrora próspero y envidiado sanamente por el resto del mundo.

Habría que preguntarse: ¿qué habría pasado si el resto del mundo le hubiera dicho a los ciudadanos judíos: “Defiéndanse solos”?

Mirar al costado sin solidarizarnos con una población oprimida nos convierte automáticamente en cómplices del dictador. Y Belmont se está comportando como un pequeño Donald Trump: el hoy presidente de los Estados Unidos cuando candidato a la presidencia de su país promovió un discurso de odio que a la postre le dio resultados ante una ciudadanía desconcertada y a la vez desilusionada de su clase política.

¿Es Belmont el alcalde que queremos para Lima? ¿Queremos a un político que en las postrimerías de su vida ha decidido vestirse de facho para intentar obtener votos a costa de la desgracia de otros seres humanos?

No olvidemos que, si hablamos de nacionalismos, nuestra verdadera nacionalidad es la humanidad y que la solidaridad es, sobre todo, una característica intrínseca de ella. Paradójicamente, aquel conocido popularmente como el Hermanón se comporta como un Caín sin darse cuenta de que el odio que ahora predica es solo la furia de su debilidad: una debilidad en la razón, en la empatía, en la moral y en todos los valores que deberían acompañar a un aspirante a gobernante.


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