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La “cuestita” de Vizcarra

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"Voy a decirle (a Salaverry): ‘Bueno, ¿hay voluntad o no hay voluntad? ¿Ha sido falta de tiempo o de ganas?’, dijo el presidente refiriéndose a las reformas pendientes. ¿Quién cree Vizcarra que es el presidente del Congreso? ¿Su entenado al que le pide explicaciones?



Haciendo un balance de su primer año de gobierno, el jefe del Estado Martín Vizcarra ha vuelto a pechar al Congreso y a su presidente Daniel Salaverry. Vizcarra sigue hablando como si estuviera en la cúspide de la popularidad que le valió hace seis meses ponerse al frente de una lucha contra una corrupción más ficticia que real con nombres de novela barata –“Los cuellos blancos del puerto”–, sobre la que, a propósito, se acaba de descubrir que el supuesto “jefe de la mafia”, César Hinostroza, “fugó” del país acompañado con escolta y sin un centavo en el bolsillo; y que, según la rocambolesca tesis de la Fiscalía, los supuestos jueces superiores miembros de la “organización criminal” cobraban sus servicios a cambio de… ¡almuerzos!

De esa percepción de popularidad por la que piensa que “todo le está permitido”, el primer mandatario cree que puede tratar al presidente del Congreso o a cualquier cabeza de otro poder del Estado como si fuera uno de sus ministros designados a dedo: “Voy a decirle: ‘Bueno, ¿hay voluntad o no hay voluntad? ¿Ha sido falta de tiempo o de ganas?’, dijo refiriéndose a las reformas políticas y de justicia pendientes de aprobación en el Parlamento.

¿Quién cree Vizcarra que es el presidente del Congreso? ¿Su entenado al que le pide explicaciones?

Hoy mismo Vizcarra ha tenido que aterrizar a la realidad cuando Salaverry le ha aclarado que todas esas reformas están agendadas para ser discutidas en el Pleno con prioridad, así que… ¿de qué se queja el presidente? ¿No tiene un partido de gobierno que le informe? ¿O se hace el que no sabe y no le importa incordiar con el Parlamento para salir de aprietos cuando haga falta?

¿Y qué tanto apura al Congreso si él mismo recién está evaluando como “insumo” la propuesta de la “comisión Tuesta” para la reforma política? ¿Y qué sentido tiene atarantar al Parlamento con cuestiones de confianza a dos años de las elecciones generales del 2021? ¿Cree Vizcarra que es viable cerrar el Congreso a estas alturas? ¿Acaso cree que va a conseguir alguna reforma constitucional de un nuevo Congreso que dure año y medio? ¿Y al día siguiente de enfrentar nuevamente al Congreso manda a Del Solar a saludar a su presidente? ¿O planea también jalarle la alfombra a su “primer ministro de la conciliación” cada vez que caiga en las encuestas?

Es obvio que la situación política ha cambiado y que el discurso de las “reformas” ya no vende ni otorga plazos de gracia ni lunas de miel al gobierno. Eso se acabó. Por lo tanto, el Congreso, al liberarse de su lastre político (urge poner de patitas en la calle por lo menos al grupo más representativo de impresentables pescado con las manos en la masa del delito) puede recobrar poco a poco el peso propio que debe tener todo Parlamento en el equilibrio de poderes.

Para ello las fuerzas políticas, más allá de sus obvias discrepancias, deben unirse para recuperar la imagen y el liderazgo del Congreso contra cualquier intromisión y amenaza del Ejecutivo. Que el presidente entienda que la representación nacional no es una “cuestita”. Es una montaña.

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