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La concha del año

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¿En el Perú hay ingenuos? No lo dudo, porque hay que ser uno de ellos como para exigirle a Chávarry que respalde y apoye a quienes como Vela, Pérez y sus sobones (con agenda política propia) no han dudado un solo instante en querer sacarlo del cargo con toda clase de artimañas.



Ni bien fue elegido Pedro Chávarry como fiscal de la Nación (por un acuerdo tomado dos años antes entre los fiscales supremos cuando fue elegido su antecesor Pablo Sánchez que, a su vez, votó por Chávarry), el fiscal José Domingo Pérez se presentó en el programa de la activista Mávila Huertas y pidió que su jefe diese “un paso al costado”. Sin más que por un dicho, a Chávarry una fiscal del Callao (vinculada sentimentalmente a un abogado valido del IDL), lo involucró como integrante, nada menos, que de la banda “Los cuellos blancos del puerto”, tejiendo una novela según la cual la elección de Chávarry como fiscal de la nación era parte de un contubernio de esa banda, cuando la verdad es –como repetimos- que su elección fue fruto de un acuerdo entre sus pares incluido Pablo Sánchez.

El IDL, para quienes no lo recuerdan, fue la ONG que lanzó audios con contenido ilícito que puso al descubierto una mafia judicial en el Callao, pero que la fiscal próxima al IDL tuvo la maña de vincularla con todo el sistema de justicia nacional (a través de escuchas telefónicas en cadena de dudosa legitimidad), con el Congreso y hasta con ministros a través de la filtración de audios que, por capítulos y a diferencia de los del Callao, no decían nada ilegal. Así, conversaciones intrascendentes o fuera de contexto bastaron para que la prensa (que entonces tenía sobre la cabeza la Ley Antimermelada que prohibía la publicidad estatal favoreciendo con los tributos de todos los peruanos un negocio privado) creara el gran mito de la corrupción del sistema nacional de justicia y del sistema político, una farsa por donde se le mire y que ocasionó la caída de las máximas autoridades de esos organismos a punta de encuestas y periodicazos.

El objetivo del IDL y el cartel mediático era, por supuesto, destruir a sus enemigos políticos y a quienes habían osado ponerlos a competir como cualquier empresa privada quitándoles el subsidio que en la práctica mantenía a flote sus negocios. Ni corto ni perezoso, Vizcarra se subió a ese carro del que aún no se baja para comprar con la publicidad estatal a todos los medios que hoy le rinden pleitesía y liquidar cualquier oposición y control a su gobierno. Lo logró a través de un referéndum.

Este mismo fiscal Pérez, empoderado por la prensa y las encuestas, fue también el primero que dijo –a la salida de la audiencia en que se determinó la prisión preventiva por 36 meses de la líder de la oposición Keiko Fujimori (por otra novela como la del “lavado de activos” de una “organización criminal” por los supuestos aportes ilegales de Odebrecht a la campaña presidencial de 2011 que apenas califica si como una infracción administrativa)– que el fiscal de la nación diera “un paso al costado”. Fue su única declaración.

Luego Pérez no tuvo mejor idea que citar al fiscal de la Nación a declarar como testigo en el caso de Keiko Fujimori por los supuestos aportes de Odebrecht a su campaña del 2011, porque Chávarry había sido mencionado en un chat de coordinación política de la bancada naranja, y en el que Fujimori decía que este era una persona correcta. Es evidente que la intención de Pérez no era otra que involucrar a como dé lugar a Chávarry en un caso judicial para humillarlo y desprestigiarlo.

Durante todo este tiempo, la prensa se dio un banquete con información reservada filtrada en tiempo real por el IDL de los interrogatorios de Pérez y su superior inmediato Rafael Vela a los capitostes de Odebrecht en Brasil. Keiko Fujimori y Alan García fueron los principales protagonistas de esas filtraciones que, por si alguien lo ha olvidado, constituyen INFRACCIONES A LA LEY de ser los fiscales o su equipo los autores de las mismas. Esto generó que, como corresponde, la Oficina de Control Interno del MP inicie una investigación a los citados Pérez y Vela pues son los principales sospechosos de filtrar la información reservada, a la que se sumó el interrogatorio que Pérez le hizo al propio fiscal de la nación.

En el colmo del desparpajo, ahora Vela y Pérez acusan a Chávarry de acoso, movilizando a toda una plétora de sobones (que hasta han llegado a constituir un “Congreso Internacional Anticorrupción” con todos los enemigos de Chávarry, Keiko Fujimori y Alan García y cuyo principal integrante fue hasta hace poco abogado de Odebrecht). Sin embargo, la “perla” del apoyo a su gestión pareció venir del Brasil o, al menos, así lo quisieron vender los susodichos y sus sobones, pues la prensa dio cuenta del “espaldarazo” de los fiscales brasileños de Lava Jato a la gestión de Vela y Pérez. Hasta que se descubrió que todo era una vulgar mentira y que el Ministerio Público brasileño aclaró que NO existía NINGÚN apoyo INSTITUCIONAL al equipo de Vela y Pérez en Perú.

Ahora resulta que por difundir que Vela y Pérez son un par de farsantes, Chávarry los “acosa”, ante lo cual el IDL ha pedido garantías a la CIDH. Lo que pretenden todos estos es que Vela y Pérez estén por encima de la ley, el escrutinio público y la fiscalización de sus propias instituciones (acuerdo de colaboración eficaz con ODEBRECHT: un sencillo de “610 millones de soles pagaderos en 15 años). Con el descuento acordado de 10% se convierte en 343 millones de soles o 101 millones de dólares. A cambio, se les permite vender sus propiedades y seguir contratando con el Perú”). En simple: que tengan corona.

Por si a alguien se le ha escapado a esta altura de esta historia, aquí el único ACOSADO por Pérez y Vela (“el fiscal de la Nación debe evaluar dar un paso al costado”), el cartel mediático (“El oscuro pasado de Chávarry con Blanca Nélida Colán”), el presidente Vizcarra ( [a Vela y Pérez] “los están hostilizando”), el presidente del Consejo de Ministros (“respaldo su labor” [de Vela y Pérez]), el IDL y el club de “notables de Lima” (“exigimos al Congreso de la República poner a debate inmediato las cuatro acusaciones constitucionales contra el fiscal de la Nación)”, ha sido Pedro Gonzálo Chávarry, fiscal de la Nación. Pretender que Chávarry está “petardeando” la gestión de Vela y Pérez cuando ha sido desde el primer día TODO LO CONTRARIO por parte de sus subordinados y sus sobones, es creer que en el Perú TODOS somos ingenuos.

¿En el Perú hay imbéciles? No lo dudo, porque hay que ser uno de ellos como para exigirle a Chávarry que respalde y apoye a quienes (con una agenda política propia) no han dudado un solo instante en querer sacarlo del cargo con toda clase de artimañas. Esa sí que es la concha del año.

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