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Opinión


11 Noviembre, 2017.

La ceguera del soberbio

El tema de los Panamericanos, tan vigente y caldeado hace tan solo un año, parece haber perdido toda actualidad. Y nuestro prontuario de mala gestión y corrupción pone en tela de juicio cualquier auspicioso resultado.

Me causó mucha sorpresa que en enero del 2014 Suecia retirase su candidatura para ser sede de los Juegos Olímpicos de Invierno del 2022. Con humildad e inteligencia, sus autoridades decidieron invertir ese dinero en infraestructura más urgente, como la construcción de viviendas sociales. Rápidamente calcularon los gastos que ocasiona a la ciudad la implementación de los Juegos versus las ganancias y, llegaron a la conclusión de que organizarlos era demasiado oneroso y no tenía sentido malgastar el dinero público: ¡tan simple como ello!

Recientemente —y sobre la base de la misma apreciación— volvió a renunciar a presentar candidatura para ser sede de los Juegos de 2026. Prioriza el bienestar de sus ciudadanos a largo plazo frente a algunas semanas de turismo, fiesta y locura que tendrán como corolario un posible endeudamiento y la desaprobación ciudadana. Ni por un mal pensamiento las autoridades suecas piensan que las “obras” son una oportunidad para lucrar y compensar  la ejemplar labor de un mal pagado funcionario público. Suecia, cuya sociedad tiene un nivel de vida muchísimo más alto que en Perú con todas sus necesidades básicas satisfechas, es capaz de decirle NO a la frivolidad y a la posibilidad de un suicidio financiero.

Respecto a asumir la organización de los Juegos Olímpicos de 2024 igual ha ocurrido con Roma, Hamburgo y Budapest.La sabiduría ciudadana, respaldada por la falta de certeza acerca de la rentabilidad, los posibles sobrecostos de la construcción y  la incapacidad de la población de dar uso a infraestructura de primer nivel fueron los factores decisivos para la renuncia. Brasil es el ejemplo perfecto de una ruina olímpica; historia que otras locaciones no quieren repetir.

Son reflexiones prudentes y de sentido común que nos hemos negado a hacer en el Perú con ocasión de los Panamericanos del 2019, simplemente por terquedad y ceguera, condensadas en una profunda soberbia de nuestras autoridades. ¡Un capricho demasiado costoso que el Perú no debe ni puede pagar!

En efecto, el tema de los Panamericanos tan vigente y caldeado hace tan solo un año —durante la gestión de Jaime Saavedra en el Ministerio de Educación— parece haber perdido toda actualidad. Ha desaparecido completamente de los medios. Es un enigma el nivel de avance de las obras, pero preocupa.

El prontuario de mala gestión y corrupción de nuestra administración pública pone en tela de juicio cualquier auspicioso resultado. Leo en el diario La República del día jueves 9 pasado que la Contraloría ha detectado deficiencias por s/. 588 millones en 22 proyectos de reconstrucción del Niño Costero, el 50% en Piura y un porcentaje importante en Lambayeque. ¡Y eso que recién empiezan!

Solo el escándalo hace que los temas se posicionen y se discutan en el Perú. Los medios han perdido su capacidad de informar, educar y dotar de conocimiento. Prevalecen las emociones, los impulsos y todo aquello que les genere rentabilidad. En algunos meses, cuando posiblemente sigamos retrasados en las obras o algunas no se hayan iniciado, retomaremos el “deporte nacional” de identificar culpables y tomar represalias. Mientras tanto, sigamos soñando con las medallas y triunfos… total, soñar no cuesta nada.


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