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Opinión


25 Enero, 2018.

¡Kenji en Pyonyang!

Simplemente, honorable congresista, en Pyonyang los disidentes desaparecen del mapa hasta por un mal chiste. ¡Así funcionan las cosas allí, su señoría! ¡Y demos gracias a la Providencia de que no estamos en Pyonyang y que aquí todos podemos reírnos o no de los malos chistes sin consecuencias, aunque sean los de su señoría!

No deja de sorprender Kenji Fujimori a los que tienen algo de sentido del humor y una pizca de cultura general. Alguien de su ralo entorno de ocurrencias le dijo que compare a su partido Fuerza Popular con el régimen comunista de Pyonyang y, por lo tanto, a su hermana y líder del partido con el tirano Kim Yong Un. El congresista afirma, pues, que “no estamos en Pyonyang” al quejarse de las sanciones que se le han aplicado bajo el estatuto del partido por infraterno y por no respetar la democracia interna a la hora de la toma de decisiones en la bancada mayoritaria del Congreso.

¡Pues claro, señor Fujimori, que Fuerza Popular no es Pyonyang! Si lo fuera, usted no hubiera tenido la oportunidad de un debido proceso interno en el cual explicar y sustentar su defensa contra los cargos de indisciplina por los que se le acusa. ¡Otra cosa es que a su señoría no le dé la gana de asistir (¿quizás cree que está más allá del bien y del mal, precisamente como el “gran líder” de Corea del Norte Kim Yong Um?)!

¡Y claro que no estamos en Pyonyang, su señoría! Si lo estuviéramos, el honorable congresista no hubiera tenido la gradualidad en las sanciones que le han venido siendo impuestas por sus reiteradas tomas de posición ajenas a los acuerdos de la democracia interna de Fuerza Popular.

Pero si estuviéramos en Pyonyang, como dice su señoría el honorable Kenji Fujimori de su propio partido, su suerte hubiera sido muy distinta. Podría haber revisado su señoría qué les pasa a los disidentes de la satrapía que es Corea del Norte. Allí ni los hermanos del “gran líder” se salvan de las terribles consecuencias de no reírse demasiado de algún chiste idiota de Kim Yong Um, o de no llorar lo suficiente en los velorios de Estado. Simplemente, honorable congresista Fujimori, en Pyonyang los disidentes desaparecen del mapa, nadie los vuelve a ver más y no dan entrevistas al simpático Fernando Vivas, el mejor periodista que tiene El Comercio.

Eso, por supuesto, si usted estuviera en Pyonyang. Pero aún si no estuviera por haber tenido la suerte de tomar las de Villadiego y refugiarse en algún remoto lugar del mundo, Kim Yong Um igual tiene un largo brazo como el que alcanzó a su hermano en el aeropuerto de Kuala Lumpur, en Malasia. Allí, por si usted no lo sabe, unas mujeres le rociaron en el rostro un spray con cierto veneno que lo mató en cuestión de segundos. ¡Así funcionan las cosas en Pyonyang, su señoría!

¡Demos gracias a la Providencia de que no estamos en Pyonyang y que aquí todos podemos reírnos o no de los malos chistes sin consecuencias, aun sean los de su señoría!


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