toggle menu

Opinión


11 Octubre, 2018.

K

La demonización y deshumanización de Keiko Fujimori ha sido una campaña sostenida en el tiempo y cuyo fin se está cumpliendo hoy con su eliminación física y la de su grupo político.

Cuando Ollanta Humala y Nadine Heredia fueron detenidos por el juez Concepción Carhuancho pese a haber cumplido con todas las diligencias fiscales y arraigos judiciales que manda la ley alcé la voz para oponerme rotundamente a lo que consideré una inmensa arbitrariedad. Entonces dije que se cometía un atropello incalificable que se acentuó cuando una vez liberados después de varios meses de cárcel les fue confiscada su casa habitación, pese a estar embargada registralmente, en lo que para mí constituyó un claro ensañamiento de un juez y un fiscal sin el menor sentido de justicia.

La opinión pública, sin embargo, en consonancia con varios periodistas que no tuvieron ningún empacho en decir que ODIAN a Humala y a Heredia, aplaudieron felices la medida que –además– fue acompañada con la declaración del fiscal de declarar al partido nacionalista como una “organización criminal” y a la pareja de marras como la cabeza de la “banda”. Había empezado entonces la última fase de una pervertida criminalización de la política a la que, felizmente y para que conste en los registros de la historia, se opusieron todos los partidos políticos sin excepción.

Hoy, con la misma fuerza con la que grité la injusticia que se cometió con el arresto arbitrario de Ollanta Humala y Nadine Heredia, deploro con la más profunda indignación el atropello cometido por el fiscal José Domingo Pérez y el juez Richard Concepción Carhuancho contra Keiko Fujimori, detenida subrepticiamente cuando acudió por su propia voluntad a una citación judicial acompañando a su esposo por el caso cócteles. No tiene ningún sentido cualquier argumento que se esgrima sobre las “informaciones nuevas” llegadas del Brasil si es que en realidad estas existen. Las detenciones solo pueden tener asidero si es que hay los suficientes elementos de juicio para llegar a la convicción de que Keiko Fujimori es un peligro para la sociedad y que su libertad es un peligro para la investigación que se lleva a cabo contra ella.

Los hechos demuestran con certeza que la libertad de la señora Fujimori se justifica en su arraigo como líder de un partido político con la primera mayoría en el Congreso, con su cumplimiento irrestricto con la administración de justicia desde hace 18 años en que viene siendo investigada y judicializada, y con una familia que trabaja, estudia y domicilia en el Perú, país que ella no abandonó en los momentos más difíciles que le tocaron vivir cuando cayó el fujimorato. ¿Qué justifica entonces la detención de la señora Fujimori?

¿Qué peligro de fuga existe dados sus antecedentes personales de cumplimiento con la justicia? ¿Qué entorpecimiento de la justicia podría hacer ella en los próximos 10 días que no hubiera podido hacer en los últimos 18 años?

Pero el atropello contra Keiko Fujimori va mucho más allá de su detención arbitraria y sin ningún sentido común. No solo están deteniendo a la líder del partido opositor más importante en el Congreso, sino a la plana mayor del mismo amparados en la coartada de la “organización criminal”, un sambenito creado a la medida de una fiscalía que se convirtió desde hace mucho en un instrumento de persecución política inaceptable en un estado de derecho. La demonización y deshumanización de Keiko Fujimori ha sido una campaña sostenida en el tiempo y cuyo fin se está cumpliendo hoy con su eliminación física y la de su grupo político.

Pongámoslo tan claro como el agua: ¿a quién que no sea un imbécil se le puede ocurrir que Fuerza Popular es una fachada criminal para lavar dinero sucio y que con tal fin fue constituida?

¿Quieren guerra total? ¡Pues entonces que los vientos se levanten y que la tormenta se desate!


Etiquetas: , , , , , , ,