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Opinión


18 Noviembre, 2017.

Invictus cholo

¿PPK dominará el bálsamo de la cohesión que genera clasificarnos a Rusia 2018?

César Campos

| Columnista

Quienes vivimos la clasificación de la selección peruana de fútbol a los mundiales México 70, Argentina 78 y España 82 debemos convenir que la de Rusia 2018 ha ocasionado un júbilo superior y diferente.

No me refiero al estallido colectivo de alegría o a las manifestaciones en caravanas ni a las lágrimas de nuestros colegas del periodismo deportivo. Todo esto ha sido un remake de 35 años atrás. Lo novedoso —junto a universalizar el uso de la camiseta blanquirroja— es el optimismo extrapolado a esferas ajenas al juego del balompié como la economía y la política.

Los expertos señalan que los rubros del comercio y servicios se han visto beneficiados solo con el aumento de la expectativa por nuestro pasaje a la tierra de Pedro el Grande. Es decir, en el mes que distanció el empate con Colombia y las dos jornadas del repechaje con Nueva Zelanda, la dinámica del consumo inyectó 350 millones de dólares a esas arterias económicas como proyección anual. El impacto en el PBI al cierre del 2017 será de 0,17 % más de lo que hubiéramos logrado sin clasificarnos.

Sin embargo, por encima de los impactos directos están los efectos multiplicadores que habrán de percibirse alrededor del fenómeno de atención a las posibilidades triunfales de nuestros jugadores a partir de junio 2018, cuando se inaugure el campeonato mundial. El transporte y las telecomunicaciones, por ejemplo, aunque su nivel de influencia sobre los índices macroeconómicos sean nulos.

En la esfera de la política, se impondrán códigos de relacionamiento menos áspero como el que actualmente vivimos. Perderá en el corto y mediano plazo quien abone la imagen de mayor discordia sin fundamento. Prevalecerá en el ciudadano futbolizado hasta el tuétano la idea de marchar juntos hacia un destino común, sin chavetas de por medio.

El dictador Juan Velasco le sacó filo a esta atmósfera cuando clasificamos al Mundial de México. Encima, vino el terremoto del 31 de mayo de 1970 justo cuando se inauguraba ese mundial. La competencia deportiva y la tragedia le otorgaron a su gobierno las herramientas cohesionantes que necesitaba para implementar sus —ahora comprobadas— absurdas políticas sociales y económicas.

Igual hizo Francisco Morales Bermúdez cuando la crisis ahogaba la segunda etapa del régimen castrense. Ponerse la camiseta de Julio Meléndez y mantenernos pegados a la recién inaugurada televisión a color para seguir las incidencias del mundial de Argentina 1978 le permitió al menos cumplir con la llamada transferencia del poder a la civilidad.

Pero el presidente Pedro Pablo Kuczynski —el “Glad con suerte” de la política nativa, como lo ha llamado Aldo Mariátegui recordando al primo del pato Donald— tiene en este campo un futuro incierto. Resulta válido, como lo afirman los analistas Luis Benavente y Luis Nunes, que la euforia nacional beneficie en lo inmediato la popularidad de PPK e incluso de la lideresa de Fuerza Popular Keiko Fujimori. Y que PPK podrá llevar mayor ventaja por su compromiso explícito con la selección peruana, a la cual visitó hasta en 4 oportunidades en sus lugares de concentración.

En esta línea, PPK hace recordar el respaldo sistemático y terco del presidente sudafricano Nelson Mandela al equipo de rugby de su país Springboks, símbolo del segregacionismo anterior a su mandato por la predominancia de jugadores de raza blanca. La magnífica película “Invictus” (dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman en el papel de Mandela), pone de manifiesto la visión del líder para unir a Sudáfrica a través del rugby, cosa que logró cuando los Springboks ganaron el campeonato mundial de ese deporte en 1995.

Aunque todavía lejos de la esperanza de que los once peruanos se hagan de la copa Rusia 2018, PPK ensaya una especie de “Invictus” cholo con nuestra clasificación. Administrar este buen momento, llenarse de sabiduría para dar los pasos adecuados y esclarecer todo lo que en estos días le llueve como sospecha de posible corruptela, le hará bien a él y al país.

Como primer mandatario del Perú, está obligado a cohesionarnos y lograr que este espíritu común prevalezca más allá del campeonato mundial de fútbol. Difícil, muy difícil, pero no imposible (como lo fue clasificarnos). Además, viene el papa Francisco y seremos sede de los Juegos Panamericanos. Los astros pintan a su favor.


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