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Opinión


29 Octubre, 2017.

I had a dream

Llegué a contar 356 hombres empalados con un cartel bien grande colgado al cuello que en letras rojas decía: violador. Uno por cada niño de 0 a 5 años en lo que va del 2017.

Tuve un sueño… y no fue precisamente el del apóstol de la paz Martin Luther King. Tal vez haya sido por el estado febril de una virosis estomacal que me aquejaba y la tonelada de antibióticos, qué se yo.

Primero fue uno en una esquina, luego otro y otro más. Había legiones de ellos. Algunos gemían todavía. Llegué a contar 356 hombres empalados con un cartel bien grande colgado al cuello que en letras rojas decía: violador. Uno por cada niño de 0 a 5 años en lo que va del 2017, seguro porque los sueños absorben lo último que uno vio y esas fueron las cifras de horror de los noticieros de la noche del último viernes 27 de octubre. Los violadores en mi sueño no solo estaban empalados, también habían sido mutilados los órganos que habían perpetrado el estupro y que colgaban de la punta de la estaca que les atravesaba la boca desde el ano.

De dónde habré sacado esta imagen, me preguntaba en mi sueño. Entonces recordé que una de las últimas cosas que releí fue la historia de Valerie Solanas, la feminista y autora del Manifiesto SCUM (Society For Cutting Up Men o Sociedad Para Cortar en Pedazos a los Hombres o, simplemente, Suciedad). Bueno, me dije, suciedad es lo que son los violadores, todos ellos sin excepción; por eso es que en mi sueño están empalados y descuartizados, asumí.

Me llamó a sorpresa la reacción de la gente de mi sueño. Ni una sola palabra de los cientos de hombres y mujeres que contemplaban a los violadores empalados. También las redes habían enmudecido. Era un milagro. Se respiraba en el ambiente temor y temblor. Todos nos mirábamos como diciendo: ¿y esto?

Entonces una cara amable de entre la multitud, como leyendo mis pensamientos me preguntó: “¿Acaso tienes algo que temer?” Y pensé: “No. No tengo nada que temer porque no soy un violador y nunca le he puesto la mano encima a ninguna mujer”. Luego desperté pálido, pero sereno.


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