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Opinión


1 Junio, 2018.

Huancayo: Museo LUMinoso

¿Por qué en estos espacios "de memoria" edificados con los impuestos de todos se tiene que desprestigiar a las Fuerzas Armadas (cuya lucha no fue perfecta, nadie lo niega) para dignificar a personajes como Jaime Cerrón Palomino, sindicado ideólogo de Sendero Luminoso en la Universidad Nacional del Centro?

Si supuestamente los Lugares de la Memoria (LUM) son un proyecto cívico, pedagógico y cultural del Estado peruano, ¿por qué se tiene, con los impuestos de todos, que desprestigiar en ellos a las Fuerzas Armadas –cuya lucha no fue perfecta, nadie lo niega– para dignificar, como ocurre en Huancayo, a personajes como Jaime Cerrón Palomino y Osmán Morote, vinculados ambos a Sendero Luminoso?

El Congreso de la República debería empezar a cuestionar estos espacios financiados con recursos públicos para deplorar el intento de reescribir una historia tergiversada sobre el terrorismo en el Perú. No se puede admitir que parlamentarios como Huillca, Glave, Bruce, Lescano y De Belaunde respalden una moción para rechazar la supuesta “estigmatización” del LUM cuando lo que se ve es que en este tipo de espacios se cuenta medias verdades para lavarle la cara a la subversión.

Siete millones, 200 mil soles costó la edificación del LUM Huancayo. Con este presupuesto se habría podido dotar –como símbolo de una verdadera reparación del Estado hacia los deudos– de servicios básicos o aulas a los estudiantes del distrito de Chilca, donde se asentaron la mayoría de Asociaciones de Víctimas y Desplazados del Centro del Perú. Pero no: fue el mismo Estado que en Huancayo prefirió edificar un nido proterrorista cuya monumentalidad distorsiona la historia y justifica una época de terror y aberraciones que incluye, además, un lujoso mausoleo dedicado a “cientos de víctimas de la violencia en el conflicto armado interno de la región Junín”, como sus impulsores lo denominan.

Un mural dedicado a la Universidad Nacional del Centro del Perú destaca la vinculación de esta con la Universidad San Cristóbal de Huamanga de Ayacucho, “de donde llegaron las ideas revolucionarias de la época e igualmente se extendió el pensamiento de los movimientos subversivos”, y se agrega que en la UNCP llegó a enseñar el miembro de la cúpula de SL, Osmán Morote Barrionuevo, (a) camarada “Nicolás”. Ciertamente fue esta universidad la institución académica más golpeada por el terrorismo en Latinoamérica. Y aquí viene lo indignante: según intelectuales de la región en la sombra, “una orgía de sangre y dolor para someter a todo opositor a fin de copar esta casa superior de estudios” habría sido impulsada por su entonces vicerrector académico, Jaime Cerrón Palomino, sindicado ideólogo de SL en la UNCP.

Miente, miente que algo queda

Pese a ello, en el cuarto piso del LUM Huancayo no solo destaca una galería de fotografías y un stand de vestigios del extinto Cerrón, sino también un imponente mural que muestra el momento en el que su esposa, Bertha Rojas, encuentra su cadáver. Y una leyenda lo acompaña: “El vicerrector académico y profesor de filosofía es secuestrado y ejecutado extrajudicialmente por un comando paramilitar del Ejército Peruano”. Tremenda mentira.

A la fecha, ningún documento oficial confirma que este asesinato haya sido perpetrado por las Fuerzas Armadas. Es más, la misma esposa señala en un documental no saber si fue ejecutado por la gente de Sendero, del MRTA o por los paramilitares. “Yo reclamaba por mi esposo que lo devolvieran con vida. Hubo pronunciamientos de la gente de Sendero, mediante volantes: dijeron que, con el maestro no se metían”. A buen entendedor…

El comandante EP Carlos Enrique Freyre –autor de la novela “La Guerra que hicieron para mí”–, luego de recorrer los espacios de este LUM, ha afirmado que personajes como Jaime Cerrón sí deberían salir de la muestra: “No era un campesino que agarraron de casualidad, era una persona que simpatizaba con SL. Con ello, tampoco justifico que haya sido asesinado”.

Los administradores del LUM Huancayo sostienen que la fuente de información de este espacio radica en el informe final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR). No obstante, el testimonio de “Efraín” ante los comisionados CVR (página 676 del informe final) consigna claramente: “Cuando lo asesinan a Cerrón se supone que lo asesinan (sic) porque fue puesto y respondía a los intereses de el PCP-SL”.

¿Entonces por qué –insistimos– se ha dedicado TODO UN PISO en homenaje a la figura de Jaime Cerrón calificándolo, incluso, como “un referente valioso para la cátedra universitaria de aquella época”? ¿Quiénes son los responsables de permitir el ensalzamiento de los desencadenantes de la violencia terrorista y mostrarlas como “justa memoria colectiva”?

Resulta innegable que el LUM ha tergiversado sus fines para hacer apología, porque UNA VERDAD INCOMPLETA PUEDE SER CUALQUIER COSA MENOS “LA VERDAD”. ¿Aló, Congreso?


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