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Opinión


22 Junio, 2018.

Hoy más que nunca hay que sumar, señora Aráoz

Imaginamos que pasar a ser la mujer más importante del país (omnipotente y todopoderosa) a congresista de una bancada dividida y debilitada, sin ningún manejo político, debe tener muy perturbada a la vicepresidenta. La pérdida de protagonismo no debe serle fácil de manejar cuando ni siquiera la dejan participar en consejos de ministros.

“Ganamos la elección juntos; no la ganó Martín Vizcarra”. “Me reafirmo en que César Villanueva no fue una buena elección para el premierato”. “ El fujimorismo no tiene argumentos y actúa solo por la prepotencia de los votos”. “Vizcarra tiene que ganarse la legitimidad que todavía no tiene”. Todas las frases anteriores y otras similares con buena dosis de resentimiento son una constante en Mercedes Aráoz.

Imaginamos que pasar a ser la mujer más importante del país –omnipotente y todopoderosa– a congresista de una bancada dividida y debilitada, sin ningún manejo político, debe tener muy perturbada a Aráoz. La pérdida de protagonismo no es algo que pueda manejar con facilidad cuando ni siquiera la dejan participar en los consejos de ministros. Y lo declara sin siquiera ser preguntada porque es una espina sangrante que le nubla la razón.

Hoy tiene todas las de perder en su abierta confrontación con César Villanueva, a quien ha calificado como “el vacador” de Pedro Pablo Kuczynski. Absolutamente todas sus últimas entrevistas son un rosario de críticas, destinadas a destacar las debilidades y falencias del Ejecutivo y especialmente las de la dupla de oro V-V. Posiblemente tenga razón: la incapacidad de Villanueva de cohesionar y potenciar a un único equipo de Gobierno es evidente, pero a la expremier las formas y lamentos la traicionan y no alcanza a expresarse propositivamente. Además, como no puede con su genio hace un permanente enjuiciamiento a la labor de Fuerza Popular en el Congreso, recalcando que se ha instaurado una suerte de el neomontesinismo. La señora Aráoz se ha vuelto una suerte de corifea de La República y de Diario Uno: es la plañidera oficial de los enemigos de Fuerza Popular.

Como señaló Maquiavelo, “en la guerra vale mas la disciplina que la impetuosidad”. Este tipo de estrategias, por lo visto, le es ajeno a doña Mercedes, cuya peor  debilidad es dejarse llevar por sus pasiones y arrebatos. Habrá que recordarle que uno cosecha lo que siembra, que FP le seguirá dando el vuelto por las presuntas calumnias esgrimidas durante la campaña (en política no se perdona ni se olvida), y que los compañeros pepekausas remanentes, a quienes ninguneó y metió zancadillas cuando era la reina del Olimpo le seguirán haciendo pagar sus aciagos gestos de displicencia.

A pesar de su investidura, que ella enrostra en cada ocasión, está condenada al aislamiento y a la indiferencia de los que pudieron ser parte de su equipo. Y, bueno, es el altísimo precio de la ingratitud. En el caso del presidente, este le paga con la misma moneda; si no hubiera sido por las infelices circunstancias Vizcarra hubiera permanecido en Canadá –bien alejado de todas las decisiones importantes del país– hasta el 2021.

La única función que la Constitución le asigna a los vicepresidentes es la de reemplazar al presidente en caso de ausencia o de vacancia, vale decir, deben ESPERAR (y no conspirar evidentemente). No tienen ninguna otra función: que se las invente es otra cosa pero no debería ser a costa del erario público. Según Hildebrandt en sus trece sus asesores le cuestan cien mil soles mensuales al país; es de esperarse, por lo menos, que dichos colaboradores tengan la habilidad de aconsejarla para que no siga ventilando sus penurias y resentimientos en público.

El país no gira en torno a sus sentires, señora Aráoz; y tampoco está la Magdalena para tafetanes. Hoy más que nunca es necesario sumar o, en el peor de los casos, guardar silencio.

Súbitamente ya se nos acabó la ilusión del Mundial (a pesar de que nuestra selección dio un ejemplo de pundonor, trabajo y compromiso). Hay mucho desconcierto y los problemas se verán más negros que nunca. Sería el momento perfecto, entonces, para que nuestra vicepresidenta asumiera un liderazgo proactivo y cohesionador. Que dé un giro de 180 grados en su actitud y así revalore su condición de política, servidora pública y mujer.


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