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Opinión


26 Abril, 2018.

Histéricos

No es la primera vez que la congresista Marisa Glave, amparada en su inmunidad parlamentaria, acusa al almirante Luis Giampietri por el caso El Frontón y se refiere despectivamente a él y a Francisco Tudela.

Invitado

| Columnista invitado

No es la primera vez que la congresista Marisa Glave –amparada en su impunidad, perdón, inmunidad parlamentaria– acusa al almirante Luis Giampietri por el caso El Frontón (ocurrido hace treinta y dos años) y se refiere despectivamente a él y a Francisco Tudela, indicando que ambos quieren condecorar a los mineros bajo la mesa. Como se sabe, los mineros cavaron el túnel durante la toma de la embajada de Japón (ocurrido hace veintiún años), donde tanto el marino como el excanciller fueron rehenes del movimiento terrorista MRTA.

Comprensiblemente indignado, Giampietri nuevamente ha aclarado a Glave por una imputación que no tiene ningún sustento (no está comprendido en el interminable juicio a los marinos que debelaron el motín de El Frontón) y por la inexactitud de la burlona alusión a los difíciles días de cautiverio en la citada embajada. Como se sabe, tanto Giampietri y Tudela se portaron valientemente durante ese penoso episodio de nuestra historia sin dejarse amilanar jamás por los terroristas, algo que de pronto esperaba Glave –quien durante esos años iba al colegio–, dada su natural afinidad ideológica con las organizaciones que sembraron el terror en nuestro país (y contra quienes nuestras gloriosas fuerzas armadas combatieron ofrendando la vida de miles de sus integrantes).

Por supuesto ya saltaron todos los izquierdistas defensores de oficio de su camarada –y los amigos abiertos y solapados del terrorismo– para gritar histéricos a los cuatro vientos por la valiente respuesta de nuestro héroe de la democracia, quien llamó a la congresista de izquierda a no escudarse en su condición de mujer y parlamentaria para seguir difamándolo a su antojo. Inclusive, en el colmo del paroxismo, han llegado a decir alucinadamente que hay una amenaza física del anciano marino a la joven congresista, intentando de manera irresponsable convertir el tema en un incidente de violencia contra la mujer.

No, señores: no nos vamos a comer sus cuentos. Las cosas claras y el chocolate espeso.


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