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Opinión


5 Marzo, 2018.

Hipoteca Inversa: ¡ojo con los malos hijos!

Más temor que a los bancos habría que tenérselo a los herederos: aquellos que quieren preservar intacto su legado sin merecerlo o quienes no solo mantienen a los padres en el abandono sino que podrían, mediante subterfugios legales, declararlos interdictos.

Existen más de 1.7 millones de adultos mayores sin cobertura previsional (por haber trabajado en la informalidad o por no haber tenido actividad laboral) o con una pensión diminuta, cuya capacidad adquisitiva está en retroceso desde hace muchos años. Algunos posiblemente lo único que tienen en el mundo es su casa, que compraron con considerable esfuerzo y que hoy ya no son capaces de sostener. ¡Lo que se rompe o malogra así queda!

La Ley de Hipoteca Inversa, aprobada recientemente en el Congreso, es su boya de salvación. Consiste en un esquema financiero mediante el cual las personas mayores de 65 años propietarias de un único predio pueden acceder a un crédito bancario, (sin pagar un centavo en vida), poniendo este activo en garantía. Se hace una valorización del inmueble y dependiendo de la edad y probabilidad de vida de la persona, se calculan las cuotas que le serán desembolsadas mensualmente para que pueda vivir con decencia. Las sumas recibidas, así como los intereses acumulados, se pagan al fallecimiento del beneficiario, ya sea por parte de los herederos interesados en preservar el inmueble o, mediante el remate del mismo, en ejecución de garantías.

La idea es que por lo menos cubran sus necesidades básicas (alimentación y salud) y que no se vean en la urgencia de malbaratar su única propiedad, “su techo”, a compradores inescrupulosos o pasar por el sufrimiento de ver cómo se deteriora hasta quedar en la miseria, sin perjuicio de estar expuestos a cobranzas coactivas por impuestos municipales o a otras deudas que genere el inmueble (o a un corte de servicios públicos).

Hasta aquí todo bien, en la medida de que la SBS sea muy cuidadosa con la implementación y que los bancos y aseguradoras –que en este caso tienen un mercado cautivo (las personas mayores cuentan con alternativas limitadísimas de financiamiento)– utilicen estándares de mercado para la valorización del inmueble y se prevengan los contratos leoninos.

Más temor que a los bancos, a los malos hijos: aquellos que quieren preservar intacta su herencia sin merecerlo o quienes no solo mantienen a los padres en el abandono sino que podrían, mediante subterfugios legales a los que nuestro desprestigiado Poder Judicial se podría prestar, declararlos interdictos para anular toda su capacidad de contratación. ¿Y qué pasa con los que podrían forzar a sus progenitores a entregarles la casa en anticipo de herencia, a cambio de una pensión pírrica que no solo les traería desolación económica sino también emocional?

La ley podrá ser excelente en el papel, pero hay una gran responsabilidad para que su ejecución brinde los beneficios esperados. ¡Estemos vigilantes!


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