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Opinión


5 Diciembre, 2017.

Héroes de verdad

El 97% de la población admira a los bomberos pero es necesario que ese reconocimiento se traduzca no solo en apoyo material, sino en agradecimiento activo a tan abnegada y necesaria labor. Sabemos que siempre podremos contar con ellos a cambio de nada, y eso es un lujo que debe merecerse.

Hace más de ciento cincuenta años se creó la primera Compañía de Bomberos del Perú, en el Puerto de San Francisco de Paita en Piura. Esta ciudad tenía en ese tiempo un gran tráfico comercial, por lo que era indispensable contar con una unidad organizada que atendiera los incendios. Antes de esa fecha ni siquiera existía un lugar donde guardar implementos mínimos como hachas, baldes o escaleras.

La destrucción del fuego era inmensa: generaba absoluta ruina.

La Compañía Roma fue la primera en formarse en Lima, a inicios de 1866, con la ayuda de miembros de las colonias francesas e italianas radicadas en el país. Tuvo 142 voluntarios entre los que se encontraba el joven bombero héroe Antonio Alarco Espinoza. La primera emergencia de Alarco fue bélica, durante el Combate de Dos de Mayo.

Cuenta la historia que el torre de la Merced fue impactada en pleno conflicto, y falleció uno de los artilleros. Inmediatamente se llamó en su reemplazo al mexicano Justiniano Zubiria; sin embargo, antes de que pudiera ocupar el puesto Alarco se adelantó y pronunció la famosa frase “Yo soy peruano, a mí me toca”, la misma que describe a la perfección el pensamiento, la vocación de servicio y desprendimiento de los bomberos.

Este espíritu es el mismo que con el transcurso de los años se ha venido fortaleciendo en cada una de la 232 compañías a nivel nacional.

El domingo 3 de diciembre pasado se realizaron las primeras elecciones democráticas al interior del Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Perú, para elegir a su comandante general. Ha sido admirable la altísima participación de compañías a nivel nacional: desde Caballococha, que se encuentra a más de un día de navegación, hasta el alejado y peligroso VRAE ningún lugar ha sido demasiado lejano para cumplir con ese caro anhelo, cuyo camino fue allanado por el Decreto Legislativo No 1260 y por el empuje y compromiso del ministro Carlos Basombrío.

Salió elegido el comandante Roberto Ángeles, con más de 30 años de impecable trayectoria, que incluye su participación en el demoníaco acto terrorista de Tarata en 1992, en los terribles incendios de Mesa Redonda en 2001 (que acabaron con la vida de 477 personas) y en el reciente de Las Malvinas. En este último, a vista y paciencia de todo el país, fallecieron varios jóvenes que trabajaban en cautiverio, esclavos en pleno siglo XXI.

Además de las carencias materiales del Cuerpo de Bomberos que serán parcialmente compensadas con los fondos adjudicados a la Intendencia Nacional de Bomberos —lo cual les permite esencial autonomía— está la falta de civilidad de nuestra sociedad, que solo se acuerda de ellos cuando los necesita. Una de las grandes críticas de la institución es que no somos conscientes de que cada segundo cuenta y que por ello es imprescindible cederles el paso. En los últimos cinco años, más de tres bomberos han fallecido por accidentes de tránsito ocasionados por automovilistas irresponsables y ventajistas que se aprovechan sirenas y alarmas para su propio beneficio.

Como mencionaba un bombero hace unos días: “Nos aplauden en el momento que acudimos a una emergencia —de cualquier índole, no solo incendios— pero después nadie nos voltea a ver como lo que somos, es decir, profesionales sin una buena remuneración: carecemos de equipo pero, aun así, sacamos el trabajo”.

El 97% de la población admira a los bomberos pero es necesario que ese reconocimiento se traduzca no solo en apoyo material, sino en agradecimiento activo a tan abnegada y necesaria labor. Sabemos que siempre podremos contar con ellos a cambio de nada, y eso es un lujo que debe merecerse.


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