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Opinión


20 Marzo, 2018.

Hay golpes en la vida

Oficialismo argumenta contradictoriamente en relación a la vacancia.

César Campos

| Columnista

Desde el fallido intento de la vacancia presidencial del 21 de diciembre pasado, quedaron bajo observación dos mecanismos cuyos respectivos procedimientos debieron merecer un amplio debate y dilucidarse cuanto antes para evitarnos un jaloneo conceptual innecesario.

Uno es el protocolo, los parámetros para declarar la “incapacidad moral permanente” del primer mandatario. Aspecto que no debía quedar en el limbo como un simple ejercicio político de la mayoría parlamentaria pues supone una decisión de gran impacto para el devenir de la república. No puede tener el mismo peso que censurar a un ministro. Además, hay que distanciarla de las imputaciones de carácter judicial pues discurren por un camino distinto frente al cual —guste o no guste— el presidente está inmune durante su mandato, salvo por los casos previstos en el artículo 117° de la Constitución.

Sin embargo, el inciso 2 del artículo 113° de la misma carta está ahí y es claro: el Congreso puede vacar al jefe de Estado bajo esa declaración. Lo razonable sería abordar una discusión al respecto.

Lo segundo es algo que sí carece de sentido alguno y constituye solo una frase recursiva, propagandística o mediática. Me refiero a lo del “golpe de Estado parlamentario” esgrimido por la premier Mercedes Aráoz. Argumento que ya había sido utilizado en la propuesta de vacancia de diciembre y luego se hundió en el olvido tras el rechazo de la misma.

Como se recuerda, fue el ex premier humalista Pedro Cateriano el autor de tan grande disparate que incluso lo llevó a redactar para Pedro Pablo Kuczynski un pedido al secretario teneral de la OEA, Luis Almagro, con el fin de activar la Carta Democrática prevista para los casos de grave alteración del orden constitucional en cualquiera de los países miembros. Cateriano sostenía que el Congreso, de mayoría fujimorista, había “amenazado” a Kuczynski y que una vacancia sin “debido proceso” constituiría un “golpe de Estado” frente al cual la OEA, en aplicación de la Carta Democrática, podría restituir en el poder al presidente.

PPK vio en esta sugerencia un consejo leal y viable, sin percatarse que ponía en duda la consistencia democrática de un país al cual él mismo había colocado como baluarte de la lucha por la recuperación de la democracia en Venezuela. ¿Cómo reclamaba un estado de Derecho para la nación llanera si suponía que el Perú estaba en el mismo atasco?

Almagro acusó recibo de la solicitud y hasta envío a dos “observadores” que hicieron turismo partiendo luego de la derrota del pedido de vacancia. Derrota que nadie objetó mediante recursos subalternos y fue aceptada por tirios y troyanos. El humalista lamentaría luego su respaldo a PPK cuando este —a los tres días— concedió el indulto a Alberto Fujimori.

Aráoz debería cuidarse de repetir semejante sandez. O escuchar al vocero de la bancada pepekausa que se resiste a mencionar lo del golpe de Estado y —para no quitarle piso a la presidenta del Consejo de ministros— habla de un “golpe político”. Hay golpes y golpes. Golpes en la vida tan fuertes, yo no sé. César Vallejo sí sabía de los mismos.


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