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Opinión


31 Octubre, 2017.

Hasta que mi crisis nos separe

Nuestra realidad desborda al Gobierno: son una tecnocracia preparada para ser eficiente en el primer mundo. Conocen la receta pero no encuentran los insumos ni están acostumbrados a improvisar; y en el Perú quien no es capaz de mirar fuera de la caja va muerto.

Según un artículo publicado en Gestión del lunes último, solo el segmento A/B y Lima sustentan la aprobación del presidente Kuczynski… básicamente la gente que votó por él. ¡Le tienen una lealtad admirable! La clave del éxito: les genera empatía, son capaces de reírse de sus bromas y hablar en igual lenguaje, saben moverse en los mismos círculos y no se mudarían a otro código postal.

Evocando la famosa frase latina primus inter pares (el primero entre iguales), PPK sigue siendo líder indiscutible del grupo que le juró fidelidad desde el primer día, simplemente porque hay una identificación que va más allá de los resultados a nivel país. Cuesta reconocerlo, pero desafortunadamente hay muy poca identidad nacional y el Perú ha perdido la capacidad de unirnos como sociedad salvo cuando gana la Selección Peruana u ocurre algún otro hecho inédito de débil recordación.

Sin embargo, el día que a los “pares” les impacte el bolsillo ellos serán los primeros en darle la espalda: es la tenue línea entre el amor y el odio. En ese sentido, el problema de presidente es el costo de cuidar esos bolsillos y la gran factura política que podría pagar por ello.

Su equipo de lujo debió durar los cinco años y, desafortunadamente, los más prestigiados han ido bajándose del coche —contra su voluntad, evidentemente— obligados por la tiranía de la presión popular: Alfredo Thorne (maestría en Cambridge y doctorado en Oxford-Inglaterra), Fernando Zavala (maestría en la Universidad de Birmingham-Inglaterra), Álvaro Quijandría (maestría en la Universidad de Carolina del Norte-EEUU), Pablo de la Flor (maestrías en Yale y Harvard, y doctorado en la Universidad de Chicago), todos con unos pergaminos que dejarían chico a cualquier gabinete de Latinoamérica pero que al parecer solo funcionarían en países con instituciones consolidadas y con carácter de permanencia. Nuestra realidad los desborda. Son una tecnocracia preparada para ser eficiente en el primer mundo: conocen la receta pero no encuentran los insumos ni están acostumbrados a improvisar y, en el Perú, quien no es capaz de mirar fuera de la caja va muerto.

¿Me pregunto si el Gobierno, con algo de sabiduría, ha buscado en el otro extremo a la nueva Autoridad de la Reconstrucción con Cambios? Edgar Quispe es un economista de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, con maestría en Economía por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), de amplia trayectoria como funcionario público en diversos ministerios (desde 1994 hasta diciembre pasado) y poca actividad en el ámbito privado. Hace poco, justamente, dejó su cargo como asesor en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones.

En todo caso, más allá de sus conocimientos y de su capacidad “tecnocrática”, es indispensable que asuma que se trata de un cargo político (aunque no le guste) y que debe generar confianza en los gobernadores regionales y trabajar de la mano con ellos para tener éxito. Si los enfrenta, tiene los días contados.


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