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Opinión


15 Marzo, 2018.

Hasta pronto, Stephen

Ahora el hombre que no creía en Dios tendrá la oportunidad científica de ratificar o rectificar su posición.

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

Hablar de Stephen Hawking es hablar del físico más importante que ha existido entre nosotros después de Albert Einstein. Los aportes de Hawking a la ciencia con sus libros Historia del Tiempo, La Teoría del Todo: El Origen y Destino del Universo y El Gran Diseño, entre otros. En ellos sostiene que el universo está en constante expansión gracias al denominado efecto “Big Bang” (gran explosión), y que no tiene límites en el tiempo; dichas publicaciones han sido de trascendencia mundial y serán necesariamente tomadas como base por las nuevas generaciones de científicos.

Pero no solo estamos hablando de un físico prominente, sino también de un hombre que supo afrontar la adversidad: recién cumplidos los veintidós años desarrolló los síntomas de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), enfermedad que paralizó gran parte de su cuerpo. Y a pesar de que los médicos le diagnosticaron que no viviría más de dos años, Hawking continuó con sus estudios de física y mecánica cuántica, redefiniendo los conceptos de lo que hoy conocemos como agujeros negros y de la creación espontánea del universo como consecuencia inevitable de la leyes de la física.

Sin duda alguna, la afirmación que le ha valido más polémicas es su posición acerca de la existencia de Dios y sobre que no encontraba compatibilidad alguna entre la religión y la ciencia: “En el pasado, antes de que entendiéramos la ciencia, era lógico creer que Dios creó el Universo. Pero ahora la ciencia ofrece una explicación más convincente. Lo que quise decir cuando dije que conociéramos la mente de Dios era que comprendiéramos todo lo que Dios sería capaz de comprender si acaso existiera. Pero no hay ningún Dios. Soy ateo. La religión cree en los milagros, pero estos no son compatibles con la ciencia”.

Quienes creemos en la existencia de un ser superior siempre antepondremos nuestra fe a la posición de Hawking; pero ello nunca será motivo para desmerecer las contribuciones de este físico que ha partido ya a un plano diferente del universo, paradójicamente el mismo día que nació Albert Einstein (quien sostenía lo contrario).

Ahora el hombre que no creía en Dios tendrá la oportunidad científica de ratificar o rectificar su posición. Hasta pronto, Stephen Hawking.


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