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Opinión


8 Enero, 2018.

¿Hasta cuando tendremos a este radical, extremo y obsesivo movimiento anti?

Estos fanáticos son capaces de apoyar a quien sea o a lo que sea para satisfacer su inocultable apetito de venganza y odio, disfrazado —por supuesto— de una convincente retórica de falsa moral.

Invitado

| Columnista invitado

Hasta ahora no entiendo cómo puede haber gente que habla de perdón o reconciliación y no puede perdonar al expresidente Fujimori (un hombre anciano y visiblemente enfermo, no moribundo) —quien por su lado ya pidió perdón—, y a la que tampoco les interesa reconciliarse con el fujimorismo. No sé con quiénes quieren reconciliarse o a quiénes quieren perdonar: ¿solo con los que piensan como ellos o a los que actúan igual que ellos? No entiendo.

Si nunca van a pasar la página de los noventas, y siguen con sus ataques virulentos y hepáticos, este país jamás podrá encontrar el perdón y la reconciliación que tanto anhela y necesita. El fujimorismo existe (nos guste o no) y es un movimiento democrático que representa a cerca de un tercio del electorado y que además desde el año 2000 no ha sido gobierno. ¿Qué hacemos? ¿Los proscribimos, los exiliamos o los desaparecemos? No entiendo.

¿Hasta cuándo tendremos un radical, extremo y obsesivo movimiento anti que, acompañado de una visceral izquierda, nunca propone nada y tiene como único objetivo en la vida oponerse a todo? Estos fanáticos son capaces de apoyar a quien sea o a lo que sea para satisfacer su inocultable apetito de venganza y odio, disfrazado —por supuesto— de una convincente retórica de falsa moral. De otro lado, los fujimoristas (y sobre todo la todavía mayoritaria bancada fujimorista) deben entender que una oposición radical y ciega a un gobierno evidentemente débil solo los conducirá a su propia perdició,  y a una situación de ingobernabilidad e inestabilidad que perjudicará a todos.

Bonus track: Seguro saldrá gente a decirme que soy fujimorista, filofujimorista, naranja, naranjete, fujimorista encubierto o qué sé yo… solamente por decir lo que digo. La verdad, poco o nada me importa: NO soy fujimorista y nada de malo tendría si lo fuera (la única vez que voté por ellos fue en la segunda vuelta del 2011, antes que optar por Ollanta Humala). Sin embargo, fiel a mis convicciones y principios diré lo que tenga que decir sin importar lo que tengan que decirme.


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