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Opinión


29 Marzo, 2018.

Haga un esfuerzo extraordinario, presidente

Recuerde que no basta con viajar por todo el país y ver y oler la necesidad. Las promesas no se comen; la población necesita entregables aunque sean simbólicos. Estos son la única muestra de que su presencia no solo sirvió para la foto o para hacer "check" en la agenda de algún asesor.

Señor Vizcarra, necesitamos de usted un esfuerzo extraordinario (the extra mile). Al no haber sido elegido directamente y encontrarse hoy en la presidencia luego de una desafortunada renuncia, los electores podrían ser mucho más exigentes. Tiene que ganarse a la ciudadanía a pulso: y eso no es fácil en un país tan defraudado y dividido como el Perú.

Si todos nos tomamos la libertad de aconsejarle —nuestra forma de practicar la democracia desde las redes sociales¡ algo a lo que no soy ajena—, aquí voy:

Presidente, huya de las zonas de confort; preocúpese cuando su equipo le diga que no hay problema. Ofrezca resistencia a los adulones; apártese de aquellos que alimentan la soberbia y omnipotencia, debilidades en las que suele caer fácilmente la gente que se deslumbra con la autoridad porque tuvo muy poco tiempo para cambiar de chip. No se maree, por favor, siga con la misma sencillez que lo llevó a ser un gobernador regional exitoso y respetado.

Recuerde que no basta con ser honesto:  es indispensable que su entorno tenga esa misma rectitud. Fernando Belaunde fue de una probidad y decencia ejemplar, aunque lamentablemente de su círculo y allegados nunca se haya podido decir lo mismo (a varios les cambió la vida en la década de los ochenta). Por ello, hace bien en tomarse tiempo para designar a su gabinete.

No es suficiente con gente experimentada que conozca al Estado y sus problemas; necesita ministros carismáticos y políticos que, literalmente, se peleen por priorizar sus sectores. Requiere de hábiles negociadores que tengan dimensión nacional. La tecnocracia y especialización son indispensables pero para las segundas divisiones; esas llamadas a ejecutar y a hacer que las palabras del político sean sabias y dejen huella.

Recuerde también, señor presidente, que no basta con viajar por todo el país y ver y oler la necesidad. Las promesas no se comen; la población necesita entregables aunque sean simbólicos. Estos son la única muestra de que su presencia no solo sirvió para la foto o para hacer “check” en la agenda de algún asesor. Si no tiene nada que ofrecer mejor guarde silencio: la frustración es uno de sentimientos que más rencor genera y más difícil de calmar.

Estoy segura de que no va a enfrentar la soledad en el poder porque en este Gobierno estuvo solo desde el principio. Como no pertenecía a “la argollita” posiblemente en los meses que transcurrieron desde su salida del MTC hasta que se fue a Canadá le dieron una pequeña oficina en alguna esquinita de Palacio, un rinconcito en el que pudiera “despachar” alejado del presidente. La vida da muchas vueltas y hoy más de uno recordará ese refrán popular: ” No le hagas a otros, lo que no quieres que te hagan a ti”.

Señor presidente: todo el país tiene los ojos puestos en usted. De ser un ilustre anónimo (81% de desconocimiento según encuesta de Ipsos de hace dos semanas) ha pasado a ser la columna vertebral de la esperanza del Perú. Alas y buen viento. Éxitos en el viaje más importante de su vida.


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