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Opinión


11 Abril, 2018.

Habla el pueblo

Si se va a jalar la cadena con Kenji Fujimori, Ramírez, Bocángel y demás Avengers, es una magnífica oportunidad para que con ellos se vaya cualquier otro, de cualquier partido, que apeste: eso es mejor a "que se vayan todos".

Ha sido publicada la primera encuesta que mide la aprobación de los poderes del Estado luego de la ignominiosa caída de PPK. Empecemos por el Congreso cuya imagen hoy está dañada por hechos ciertos –varios de ellos– pero también por una implacable campaña de desprestigio y difamación de quienes lo responsabilizan de la renuncia de PPK, al que apostaron para no “darle gusto” a Fuerza Popular liderada por Keiko Fujimori.

La cifras de DATUM son elocuentes. El Congreso como institución recibe en abril una aprobación de 26% cuando en marzo y febrero había llegado a promedios inferiores al 15%. De otro lado, la cabeza del primer poder del Estado, Luis Galarreta, aumentó de 14% en marzo a 30% en abril. Su desaprobación cayó de 68% a 49% este mes. La interpretación es bastante simple: al Congreso se le atribuye la renuncia de un régimen corrupto y eso ha sido entendido y aprobado por el pueblo.

Lamentablemente, esas cifras tan positivas para un poder del Estado que nunca ha tenido índices históricos de aprobación muy altos ya no deben ser tan alentadoras a la fecha por las mismas razones que la opinión pública condenó al Ejecutivo presidido por PPK. La corrupción es el tema medular aquí, una percepción que hoy ningún ente político se puede dar el lujo de cargar a cuestas teniendo como referente el desplome de PPK. En simple y para que todos lo entiendan: lo mismo que le pasó a PPK le puede pasar al Congreso si no toma las acciones corporativas pertinentes contra los políticos que manchan su imagen, sean estos de las bancadas que sean. De tal forma que si se va a jalar la cadena con Kenji Fujimori, Ramírez, Bocángel y demás Avengers, es una magnífica oportunidad para que con ellos se vaya cualquier otro, de cualquier partido, que apeste: eso es mejor a “que se vayan todos”.

Y aquellos que son inocentes y a los que se los ha difamado con escarnio deben pasar a una ofensiva inmediata para defender su prestigio y su buena reputación: no basta con una actitud reactiva basada solo en las palabras. El pueblo exige hechos, gestos y nada menos.

En cuanto al Ejecutivo, las cifras dan una interpretación positiva. El hecho de que el 55% considere que el de Vizcarra será un gobierno regular, el 29% estime que será un buen gobierno y el 8% vislumbre una mala gestión significa que las expectativas de la opinión pública no son exageradas y que nadie le pide que haga maravillas. Por lo tanto, el gobierno y el presidente tienen bastante techo para subir en aprobación si hacen las cosas medianamente bien. Hasta ahora va por ese buen camino.


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