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Opinión


3 Diciembre, 2017.

¡Habla, Barata!

Dentro de este gran lodazal donde pareciera que todo está perdido, tenemos la gran oportunidad (una vez más) de empezar de nuevo. Los valores no tienen colores; solo será cuestión de saber limpiar el camino contaminado que nos han dejado.

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

A propósito del “affaire Villarán”, ha sido hilarante y patético leer las columnas de los comunistas criollos de siempre. Por citar algunos ejemplos: Nelson Manrique y su “No es la izquierda la que está sentada en el banquillo” o Gustavo Guerra García sacando cuerpo con su “Villarán está sola por irse de Fuerza Social a la candidatura de Urresti” y la no menos lacrimógena Mónica Sánchez sentenciando que se siente “profundamente decepcionada al saber que fue financiada con dinero sucio”.

Queda demostrado una vez más que la caviarada solo se une para tratar de llegar al poder, pero una vez ahí cada quien va por su lado con una sacada de cuerpo digna del mejor torero del mundo.

Dejando el sarcasmo de lado, ha sido de suma relevancia lo sucedido esta semana con la exclusión del ex director ejecutivo de Odebrecht, Jorge Barata, del juicio que se le viene siguiendo por el caso de la Carretera Interoceánica a cambio de que se acoja al proceso penal como colaborador eficaz. No hay corrupción de izquierda o de derecha, solo corrupción a secas, y ante un Ministerio Público intrascendente que no ata ni desata la información que pueda brindar Jorge Barata será fundamental para desnudar la podredumbre de nuestra clase política, siempre y cuando esta sea fundamentada y corroborada (es decir, una verdadera “colaboración eficaz”).

En ese sentido, los jueces y fiscales que están a cargo de los demás procesos penales que abarcan la operación Lava Jato están en la obligación profesional y moral de seguir el ejemplo del juez Concepción Carhuancho y excluir a Jorge Barata —siempre bajo la figura de la colaboración eficaz— para que identifiquemos plenamente qué presidentes, funcionarios y particulares han estado inmersos en esta red de corrupción, sobornos y componendas durante los últimos diecisiete años de nuestra vida republicana.

Dentro de este gran lodazal donde pareciera que todo está perdido, tenemos la gran oportunidad —una vez más— de empezar de nuevo. Estoy seguro de que hay personas honestas que desean participar en política: independientes, comunistas, apristas, fujimoristas o de cualquier otra agrupación. No olvidemos que los valores no tienen colores; solo será cuestión de saber limpiar el camino contaminado que nos han dejado.

Por ello, quienes estamos interesados en que eso ocurra debemos exigir al unísono: ¡HABLA, BARATA!    


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