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Opinión


12 Octubre, 2017.

Gustavo Salazar: ¡impunidad!

Más angustia que nuestra posible clasificación me causa la decisión de la Fiscalía de Lavado de Activos de detener la investigación al empresario luego de una sumaria —vale decir cortísima— investigación.

Amo el fútbol desde que nací y hacía tiempo que no vivía tanta emoción: no solo fueron los 90 minutos del partido, sino el maravilloso espíritu bicolor que literalmente nos inundó durante los días previos, adicionado al optimismo y las ganas de triunfo. Es que los peruanos nos contentamos con tan poquito: un gol más nos hubiera garantizado la felicidad hasta el próximo julio.

El día del partido, el Himno Nacional fue cantado hasta “reventar pulmón”, como lo había sugerido nuestro querido ministro de Cultura, y nuestro estadio vibró con una hinchada emocionada y nerviosa que no paró de alentar al equipo hasta el final. Todas las estrellas se alinearon (parece una cualidad de este gobierno), logramos empatar (mientras Chile y Paraguay perdían) y obtener derecho al repechaje con Nueva Zelanda que nos permite seguir avanzando camino a la clasificación. El fútbol genera pasiones e identidad y por ello es incomprensible que el deporte en general no sea una prioridad en nuestro país y no reciba un mayor presupuesto. Su práctica debería ser obligatoria en todos los colegios del Perú y, en esa línea de promoción, la infraestructura deportiva debería ser casi equivalente a un servicio básico de la población. Es un derecho olvidado que hay que rescatar.

Sin embargo, más angustia que nuestra posible clasificación a Rusia 2018 me causa la decisión de la Fiscalía de Lavado de Activos de detener la investigación a Gustavo Salazar luego de una sumaria —vale decir, cortísima— investigación. Absoluta falta de profesionalismo y seriedad por tratarse de un prófugo de la justicia que vivía cómodamente en Miami desde hace meses a pesar de su orden de captura nacional e internacional (la cual seguramente dará vueltas en algún perdido escritorio hasta caer en el olvido).

La Unidad de Inteligencia Financiera hace un excelente trabajo, pero la administración de justicia no la acompaña. Qué impotencia debe sentir el intendente Sergio Espinoza y su equipo, que alertaron sobre el desbalance patrimonial del señor Salazar y sus compañías.

La UIF ha advertido que hasta el año 2009 tenían ingresos de un millón de soles al año, pero luego crecieron once veces, haciendo el mismo tipo de actividad.  Ni la economía ni ningún negocio absolutamente lícito en el país ha crecido en esa dimensión. ¿Golpe de suerte? ¿El rey Midas del siglo XXI? ¿O simplemente un corrupto más que se ha enriquecido haciendo negociados con igualmente mefíticos funcionarios públicos?

Lo más trágico es que en el Perú, la falta de institucionalidad y flagrante informalidad son los mayores cómplices: es facilísimo sacarle la vuelta a la Ley en delitos económicos; más aún si tienes autoridades judiciales completamente echadas. Imposible tener el camino mejor allanado.

El propio Salazar declaró en junio pasado: “Yo no sabía que el dinero era de un acto ilícito o de Odebrecht. En la vida pensé que esto se trataba de una plata negra o de corrupción, o mucho menos”. O sea, no sabía cuál era el origen de los fondos y presumía que su fuente era absolutamente legal.

Poco creíble que un hombre de negocios “exitoso “, vinculado a cuestionados presidentes regionales, no sospechara de algún tipo de ilegalidad. ¿En un país como el Perú? ¡Por favor! La única que dice creer de su inocencia es la Fiscalía de Lavado de Activos, que evidentemente se hace de la vista gorda para proteger a su amigo o al amigo de sus amigos. ¡Impotencia absoluta!

Igualmente preocupantes son las declaraciones del presidente del Poder Judicial en el sentido de que “deducía” que los Estados Unidos no tramitaría el arresto provisorio de Alejandro Toledo, expresando desconfianza sobre la estrategia del Ministerio Público. Me pregunto: ¿además de opinar, que está haciendo el señor Duberlí Rodríguez para colaborar con este caso? ¿Por qué no está liderando la lucha contra la corrupción, con firmeza, con el poder que le otorga la majestad de su cargo? ¿Qué podemos esperar de nuestra administración de justicia si la cabeza del Poder Judicial apenas se inmuta ante la impunidad? Otra vez, impotencia absoluta.

Para variar, El Comercio ni se molestó en recoger esta noticia —de evidente interés nacional— en su edición impresa del día miércoles 11 (asumo que por falta de espacio, en tanto decidió dedicarle sus primeras veintiún páginas al fútbol). Era indispensable escribir exhaustivamente sobre el “emblemático” partido de ayer, pero en una edición especial. La información y las noticias son lo realmente importante: se trata de la continuidad del país, más aún si nuevamente se trata de la pésima forma como se está manejando el caso Toledo y el extendido tema de la corrupción. No nos distraigamos, podría ser demasiado tarde.


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