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Opinión


10 Diciembre, 2017.

Guerra civil

Nadie dijo en la campaña que gobernar el Perú sería fácil; nadie dijo que no sería meterse en camisa de once varas. Nadie habló de una gobernabilidad papaya. ¿Alguien se ha preguntado, por ejemplo, cómo estaríamos si a otro presidente le hubiese tocado gobernar en esta época?

La democracia en el Perú vive una especie de guerra civil. Se está pasando de la oposición y el enfrentamiento a un trato abiertamente desafiante. Hay intereses contrapuestos en este tablero. Intereses que son la metáfora de cómo nos peleamos los peruanos. Poco está importando en esto la visión de desarrollo, el mediano plazo, la consolidación de la democracia.

Antes, ir a visitar el Congreso era algo así como un acontecimiento. La gente se sentaba en las graderías y luego llegaba a sus casas a contar emocionada su experiencia. Hoy ya no es así. Y es que el país ha cambiado mucho en las últimas décadas: para bien y para mal. En política, lejos de evolucionar, tal vez, al decir de muchos, se ha retrocedido.

Esta percepción toca a la política en general. Lo vemos en el rechazo y el descontento.  Y obviamente el Congreso no es la excepción. Congreso que, en su afán de arrinconar al presidente ha citado a su esposa para pedirle información sobre una empresa de la que fue gerente y que podría dar pistas sobre los vínculos financieros de PPK en el pasado. Y si se llegase a vacar a PPK, ¿sería vacado por una mala gestión o por ambición; para mejorar la gobernabilidad o por simple deseo de poder?

Se ha hablado mucho de las falencias del actual gobierno, particularmente bajo la gestión de Fernando Zavala. Todos los que hemos escrito o comentado estas falencia  lo hemos hecho siempre desde una posición democrática y constructiva. No por molestar, irritar u ofender. Más bien esto ultimo sí parece estar buscando el Congreso.

La política deja de ser política cuando se pasa a la ofensa personal, al maltrato familiar, a la denigración del otro, a la descalificación como espectáculo. Nadie dijo en la campaña que gobernar el Perú sería fácil; nadie dijo que no sería meterse en camisa de once varas. Nadie habló de una gobernabilidad papaya. ¿Alguien se ha preguntado, por ejemplo, cómo estaríamos si a otro presidente le hubiese tocado gobernar en esta época?

A este escenario efervescente hay que añadir, ahora, el allanamiento a los locales de Fuerza Popular; la iniciativa de ese grupo político de presentar una acusación constitucional contra el fiscal de la nación; las acusaciones por corrupción a Alejandro Toledo, la prisión preventiva de los Humala Heredia, el impedimento de salida del país de Susana Villarán; la detención de empresarios de enorme poder; y ahora la posibilidad de vacar al presidente. Todo está en plena ebullición y no es recomendable mover las aguas en extremo. Más bien habría que atemperarlas. Y calmarlas no implica renunciar a investigar lo que se tiene que investigar.

Si el gobierno cae por vacancia, una vez más el país le pasará la factura al establishment político. El Congreso no fue elegido para vacar al presidente de la república sino para sostener la gobernabilidad. Por momentos pareciera que se está perdiendo el rumbo.


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