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Gotterdammerung

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El presidente Vizcarra y los tontos útiles que lo secundan (ya sea de buena fe o por intereses con agenda propia) han demostrado que la demagogia puede demoler el tejido institucional del Perú muy fácilmente.



El 30 de enero se llevó a cabo en el Instituto de Gobierno de la Universidad San Martín de Porres el evento “La voz de los medios de comunicación digital”, en el que me cupo el honor de participar con otros colegas directores de portales de opinión. Transcribo para POLÍTICO.PE mi exposición, que consistió en un análisis de la coyuntura de crisis que vive el país y las consecuencias probables para la democracia representativa y la libertad económica. Denominé mi texto Gotterdammerung, que en alemán literalmente significa el “crepúsculo de los dioses” pero que en sentido metafórico refiere al fin de una era, que es mi tesis.

1.- Crisis de las instituciones republicanas: el ocaso de las autonomías y el equilibrio de poderes

El Poder Judicial, la Fiscalía de la Nación, el Congreso de la República y los medios de comunicación han sido, cada uno, según diferentes grados de interferencia o presión política, afectados en sus autonomías por el Poder Ejecutivo.

Ejemplos al canto: el presidente se pronuncia contra el hoy exfiscal de la nación y pide su salida durante tres meses. El presidente se pronuncia a favor de determinados fiscales que acusan a sus adversarios políticos (y que son blandos con sus amigos o con él: le archivaron algunos casos cuando fue gobernador regional de Moquegua). El presidente respalda al juez que ve la causa de sus adversarios políticos (y que fue recusado por una sala del Poder Judicial. De inmediato, el presidente del Poder Judicial sigue la línea del presidente). El presidente avala a través de su procurador un acuerdo fiscal con una empresa mafiosa que pone al Perú en una situación de desventaja en cuanto a reparación al Estado y que solo incluye declarar eficazmente contra sus adversarios políticos.

El presidente invierte millones de dólares en publicidad estatal en los medios de comunicación masivos (y no tan masivos) para crear corrientes de opinión favorables y casi unánimes (luego de derogatoria de Ley Mulder una frecuencia de TV abierta facturó 7 millones de dólares en un solo mes). El presidente marcó la agenda del Congreso imponiendo (con apenas once parlamentarios, bajo amenaza de cuestión de confianza y disolución) una reforma política y judicial a su medida en plazos perentorios fijados por él. El presidente impuso un referéndum al Congreso para sancionar sus reformas y descartó las que no estaban al pie de la letra con su proyecto. En fin, la lista es larga y conocida.

2.- Crisis de la Constitución: el contrato social pende de un hilo.

Resulta asombroso lo fácil que ha sido echarse abajo dos tercios de una Constitución que justo cumplía un cuarto de siglo, y que ha permitido a un país ser mucho más próspero que hace veinticinco años. Hay que tomar nota cómo sobre la base de un mito llamado “Los cuellos blancos del puerto” (una red de corrupción judicial focalizada en el Callao) se han derrumbado en sus autonomías constitucionales una serie de instituciones como el PJ, el MP, el CNM, afectando a su vez al Congreso. Con una campaña sostenida de desinformación de los medios de prensa tradicionales encabezados por la agenda política del presidente de la República, esas instituciones han quedado calcinadas ante la opinión pública.

El resultado del referéndum que representa una apelación a la democracia directa es la mejor prueba de cómo se puede manipular a través de los medios de comunicación a un electorado insatisfecho o indignado. Como lo dije en un artículo para POLÍTICO.PE, “la Constitución era de paja”, y eso lo saben ahora los enemigos del sistema político y económico así como los métodos para liquidar esa Constitución que pende de un hilo.

3.- Crisis de los partidos populares: ruptura de los diques contra las aventuras populistas antidemocráticas, anticonstitucionales y antimercado

No viene a cuento en este foro hacer un análisis de los yerros o desencuentros estratégicos de los dos partidos populares más importantes del país: Fuerza Popular (por su votación)  y el Apra (hoy por su tradición). Lo trascendente es resaltar que más allá de estos desaciertos, ha existido y existe un odio visceral que trasciende el sentido común de un establishment político enquistado en diferentes sectores de toma de decisiones y de influencia cultural, que ha tenido éxito en satanizar y deshumanizar a los líderes, seguidores y simpatizantes de esos dos partidos populares.

La importancia política de esos dos partidos en la actual coyuntura republicana es muy simple: son un dique contra las aventuras populistas radicales antidemocráticas, anticonstitucionales y antimercado que cada vez se fortalecen más con la debilidad de las instituciones, la Constitución y los partidos populares. El establishment político y cultural, cegado por ese odio a FP y el APRA ha roto ese dique de contención político contra los populismos marxistas (o fascistas) sin encontrar una alternativa concreta política y electoral viable para su reemplazo. Porque hay que decirlo: ni FP ni el Apra son partidos antidemocráticos. FP es la heredera de la Constitución que hoy se quiere derribar y que ha permitido tener seis presidentes democráticos en el marco de un Estado de derecho que ha asegurado la inversión y la prosperidad económica. Y el Apra ni qué decir; su historia contra las dictaduras es conocida así como su lealtad constitucional.

El sentido común mandaba que quienes creen en el sistema democrático y las libertades económicas debían apoyarse en esos dos partidos o, al menos, tolerarlos si no comulgaban con ellos. Por el contrario, los han dinamitado. Es una paradoja trágica para el Perú.

4.- Crisis de la prensa: el poder corruptor de Odebrecht y la mermelada estatal

La crisis de la prensa en cuanto a su credibilidad y politización es un fenómeno mundial. Pero lo que no es mundial es el fenómeno de que la prensa viva al amparo de la publicidad estatal del gobierno de turno. En Estados Unidos, por ejemplo, ello es incomprensible. En el Perú, a esto se agrega lo que hoy parece ser una realidad: un cartel mediático al servicio de los intereses de una empresa mafiosa. Ello se desprende de lo que hemos visto con la defensa a rajatabla de un acuerdo de colaboración eficaz evidentemente perjudicial para los intereses del Estado peruano pero que la prensa, en comandita, valora positivamente en aras de conocer “la verdad”.

¿Qué es la verdad? ¿Cuál verdad? Solo la que atañería a sus enemigos políticos: FP y el Apra. A estos, esa prensa los sindica como los autores de haberle querido quitar las canonjías de la publicidad estatal y hacerlos competir como cualquier empresa en el mercado. En otras palabras, no les perdonan haberle querido restringir sus privilegios económicos. De ahí el odio y el afán de destruirlos.

Las fake news no están entonces en los medios alternativos como los digitales (que las hay) a diferencia del origen de ese fenómeno mundial, sino que encabezan los titulares de los medios tradicionales de difusión masiva y no tan masiva (como el cable). La prensa peruana se ha convertido en un vehículo de propaganda política, al servicio de la publicidad estatal y de otros intereses corporativos de dudosa procedencia.

Estos factores los han convertido en actores políticos de destrucción masiva de esos dos partidos populares. Una ceguera por donde se le mire, pues roto ese dique, no será la publicidad estatal la que en un futuro esté en entredicho por quienes no creen en la libertad de prensa ni en la economía de libre mercado (que los medios de prensa han demostrado querer solo cuando les conviene y no les afecta el bolsillo), sino la existencia misma de los principios liberales que les permiten expresarse y existir.

5.- Crisis republicana como oportunidad para los enemigos de la democracia

Los enemigos de la democracia representativa (la única que provee un mínimo de civilización y paz social) y del régimen de libertad económica (el único que crea riqueza y fomenta la prosperidad de los pueblos) están en la izquierda marxista y son fácilmente identificables. Como ejemplo, basta pedirles un pronunciamiento contra el gobierno de Nicolás Maduro para que lo apoyen abiertamente o den mil vueltas para no condenarlo e invocar a una “solución pacífica” que respete la “soberanía de los pueblos” y la no injerencia del “imperio”. Tienen representantes parlamentarios aunque son pocos (todavía), pero han llegado a la cabeza ejecutiva de varias regiones del país como gobernadores regionales.

La última semana se han reunido en Junín para concertar estrategias políticas y electorales hacia el 2021. Su programa es muy simple: refundación de la república a través de una nueva Constitución (asamblea constituyente); y erradicación del neoliberalismo (es decir, de la libertad económica y la inversión privada sobre todo extranjera para recuperar la “soberanía” de nuestros recursos naturales). Son esas fuerzas marxistas que se reagrupan las que han tomado nota de la inmensa crisis de las instituciones republicanas, de la Constitución y de los partidos populares; y conciencia de lo fácil que resulta darles un empujón final. Ven en ello una oportunidad que yo creo es grande en el mediano plazo.

El presidente Vizcarra y los tontos útiles que lo secundan (ya sea de buena fe o por intereses con agenda propia) han demostrado que la demagogia puede demoler el tejido institucional del Perú muy fácilmente. Lo que queda por demostrar es que siempre puede haber alguien más demagogo y oportunista que, a diferencia de él, busque mucho más que el limitado objetivo de la aprobación de las encuestas.

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