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Opinión


6 Noviembre, 2018.

¡Golpes de Estado los de mi tiempo!

De cómo los tanques fueron reemplazados por las normas constitucionales.

Delia Muñoz

| Columnista

Nuestra América Latina ha mutado de los clásicos golpes de Estado con tanques, toma de palacios y encierro de presidentes a cierta tendencia constitucional de flexibilizar la duración del periodo presidencial o de disolver los congresos para afrontar las crisis políticas e institucionales.

En efecto: con el desarrollo de las normas democráticas, las intervenciones de los organismos internacionales y las sanciones efectivas a los dictadores encumbrados por un golpe, los cambios en la estructura del poder ya no los ejecutan los militares sino los propios políticos. Usando como armas los textos constitucionales se puede dejar fuera del cargo presidencial o despojar del poder a aquellas personas que –aunque hayan sido elegidas democráticamente– se considera indeseables(1).

Los investigadores del conflicto político (2) sostienen que los juicios políticos que terminan con la destitución presidencial se originan, usualmente, cuando los medios destapan actos de corrupción o se revela en forma sistemática escándalos que motivan a la población a que salga a protestar y exigir el cambio. De este modo, hoy las extremas confrontaciones de poder entre los congresos y los presidentes generan graves crisis de inestabilidad institucional y suelen terminar con la caída de uno de ellos. Esto garantiza la continuidad del periodo constitucional y sirve para evitar la sanción.

(1) Presidentes latinoamericanos destituidos por los congresos: Fernando Collor (Brasil, 1992), Carlos Andrés Pérez (Venezuela, 1993), Abdalá Bucaram (Ecuador, 1997), Raúl Cubas (Paraguay, 1999), Jamil Mahuad (Ecuador, 2000), Alberto Fujimori (Perú, 2000), Fernando de la Rúa (Argentina, 2001), Gonzalo Sánchez de Losada (Bolivia, 2003), Lucio Gutiérrez (Ecuador, 2005), Manuel Zelaya (Honduras, 2009), Fernando Lugo (Paraguay, 2012), Otto Pérez, (Guatemala, 2015), Dilma Rouseff (Brasil, 2016).

(2) Autores que sirvieron de fuente para mi opinión expresada: Aníbal Pérez-Liñán, Andrés Mejía Acosta, John Polga Hecimovich, Kim Bahry, Gretchem Helmke, Gary Goertz y Margaret Edwards.


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