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Opinión


28 Septiembre, 2017.

Golpe a la inseguridad

Pese a la balacera, “Plan Cerco” en La Victoria demostró esta vez que sí puede ser efectivo.

César Campos

| Columnista

A lo largo de un año, el Ministerio del Interior bajo el comando de Carlos Basombrío ha intentado que la ciudadanía valore positivamente los duros golpes infligidos a las grandes organizaciones criminales existentes a lo largo y ancho del país. Esa industria delincuencial compuesta por decenas de personas (algunos son policías y hasta funcionarios públicos) se halla muy bien articulada y es dueña de una logística sofisticadísima (armas, vehículos, equipos de comunicación, refugios, etc.) cuyo accionar apunta a los grandes robos, secuestros selectivos, extorsiones y asaltos de elevada magnitud.

Ciertamente, los megaoperativos desarrollados por la Policía Nacional han sido buenos, contundentes y con frutos concretos. Las víctimas de tales organizaciones respiran tranquilos y aplauden la eficacia del Estado en pro de su seguridad. Sin embargo, esta sensación jamás ganó el criterio de los ciudadanos más comunes ni de los dueños o administradores de pequeños negocios (restaurantes, grifos, peluquerías, cabinas de internet, boticas) que padecieron y padecen el robo domiciliario, raqueteo, la marca en bancos, cogoteo y toda clase de modalidades delictivas, algunas veces con desenlaces trágicos (caso de algunos cambistas).

Resulta comprensible. Estas modalidades son las más extendidas y con índices de materialización bastante altos. Muchos no nos explicamos de qué sirve la adquisición de nuevos patrulleros, la colocación de cámaras de seguridad por todos lados, las alianzas de la PNP con los serenazgos municipales y otras medidas, cuando en menos de un minuto muchos son interceptados por un vehículo con lunas polarizadas o una moto lineal, amenazados y asaltados. Lo mismo ocurre con los pequeños negocios. La falta de un programa de inteligencia sólido contra este tipo de crímenes era clamorosa.

Lo peor de todo es que las escenas de los actos criminales se convirtieron en reality show de los programas televisivos, demostrando que las cámaras de seguridad ubicadas supuestamente en áreas estratégicas de las las zonas urbanas sirven muy poco para prevenir o están siendo subutilizadas por las municipalidades que las instalaron. Salvo algunas pocas excepciones.

Por ello, lo ocurrido el miércoles 27 de septiembre en el distrito de La Victoria —la captura de tres delincuentes luego del seguimiento a un auto Peugeot con lunas polarizadas que daba vueltas alrededor de una calle con varios negocios abiertos— nos genera una esperanza respecto a que la PNP ya cuenta con ese ansiado programa de inteligencia y que el llamado “Plan Cerco” sí puede ser efectivo para actuar rápidamente ante una movilización sospechosa.

El tema no requiere mayores elucubraciones: basta que los patrulleros y los operadores de las cámaras de seguridad (así lo hacen en el distrito de San Miguel) estén alertas en focalizar a un auto con lunas polarizadas (o no) o a una moto dando vueltas seguidas por una determinada zona para caerles encima. El nivel de inseguridad ciudadana exige que si hay error en interceptar a inocentes, el costo solo sea la incomodidad y todos colaboremos.

Por supuesto que la persecución y la consiguiente balacera desatada en la zona de la urbanización Santa Catalina han sido riesgosas y pudo ocasionar muertos. Felizmente no ocurrió así. Pero si la PNP ya tiene claro que actuará de la misma forma en cualquier circunstancia parecida, bienvenida sea. Bienvenida también la expectativa que sí es posible reducir la delincuencia urbana.

Y ojalá podamos también darle la bienvenida a un Ministerio Público y un Poder Judicial que sean drásticos con los indeseables, sin devolverlos fácilmente a las calles.


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