toggle menu

Opinión


2 Abril, 2018.

¡Gobierno, mucha suerte!

Deseemos suerte al nuevo presidente Vizcarra y a su flamante gabinete: deben calmar las aguas y así facilitar que la justicia haga su trabajo en todo lo que hay que investigar. La tarea ahora no es solo reconstruir el norte sino la moral en todo el país.

¿Cómo procesar la decepción, la frustración y la rabia de mucha gente por todo lo que se ha visto en las últimas semanas? ¿Qué hacer con la sensación de haber sido engañados y con la psicopatía de algunos congresistas e incluso de un exministro?

¿Vale la pena hablar de eso o es mejor dejarlo de lado y no elaborar nada a partir de lo experimentado como país? Hay mucha decepción y rabia porque como democracia merecíamos algo mejor que esto; porque la gente está cansada de tanta ineficacia; porque se ha gobernado desde una especie de casta endogámica; porque en el norte no se avanzó como se esperaba; porque PPK, antes de irse, autorizó la perforación de 180 pozos petroleros justo en la zona demás amplia biodiversidad de nuestro mar (¡y con regalías de solo 5%!).

Y todo eso es cuestionable en un país que está cansado de tanto vacío, de tanta omisión… en el fondo, cansado de tanta manipulación y soberbia. La gente siente que se utilizó al Estado para la canalización de intereses privados, que se le mintió con promesas que nunca iban a ser cumplidas, que se han suscrito contratos manipulándose las normas para beneficio exclusivo de esos acuerdos.

A todo esto, hay que añadir una psicopatía del poder que aparece en forma muy visible una y otra vez. Por ejemplo, la de un ministro intentando manipular a un congresista (ofreciéndole ir a la casa del presidente para acordar algo con él, en un claro contexto de choleo y de falso empoderamiento), negociando “su parte” con él y recordándole que no debe contar lo que han hablado. Ese mismo congresista, a su vez, le grababa las conversaciones para luego terminar hundiéndolo.

Luego se sabría que ese congresista no es ningún héroe sino más bien una persona cuestionada en múltiples aspectos, al punto de que ni siquiera le da una pensión de alimentos a su hija y que, además, intenta poner condiciones para entregar los audiovisual a la Fiscalía. Súmenle la reunión privada de un grupo de congresistas en la que se habla de la asignación de obras y de su porcentaje de ganancia y apenas podrán imaginar el fastidio, decepción y frustración.

No queremos eso pero es lo que tenemos: un país sin defensas psicológicas y sociales para enfrentar la corrupción imperante, la psicopatía del día a día y el aprovechamiento del poder.

Tenemos, pues, que trabajar mucho para dejar de lado estos y otros sentimientos generados a partir de la actual crisis política. Y eso se hace combatiendo en serio la corrupción a través de la educación.

Será necesario levantar la autoestima de una ciudadanía que se siente burlada, porque hoy en día el país se transita entre el escándalo y la decepción, la psicopatía y el desconcierto, la rabia y la resignación.
Los sentimientos de respeto social, de otredad y de lucha contra la corrupción (cuyas bases están en el núcleo familiar) ahora son más importantes que nunca.

La llegada de un nuevo presidente siempre es y será una nueva oportunidad para el país. Genera esperanza y deseos de cambio. Por lo mismo, una mirada sensible, la sobriedad y la conciencia de que se requiere de una escucha asertiva, serán siempre los mejores elementos de reflexión para el inicio de nuevo gobierno. Sin eso y sin un necesario humanismo, sin la capacidad de asombro y de reflexión, sin análisis y sin el desarrollo de una inteligencia estratégica, nada distinto se podrá hacer.

Deseemos suerte al nuevo presidente Vizcarra y a su flamante gabinete: deben calmar las aguas y así facilitar que la justicia haga su trabajo en todo lo que hay que investigar. La tarea ahora no es solo reconstruir el norte sino la moral en todo el país.


Etiquetas: , , , , , , , , , , ,