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Opinión


14 Noviembre, 2018.

¿Gobierno busca su propia bancada?

Como no todos los integrantes de PpK agachan la cerviz ante los caprichos del mandatario, grupo parlamentario oficialista (?) le resulta un escollo a desechar.

Aaron Salomón

| Periodista

Las declaraciones del premier César Villanueva (“somos un gobierno que ni bancada, ni partido tenemos”) no fueron gratuitas. Y es que, según me cuentan algunos indignados congresistas pepekausas, la retahíla de renuncias en la bancada oficialista habría sido orquestada (¿cómo habrán convencido a los desertores?) por el mismo gobierno del presidente Martín Vizcarra que, como es evidente, busca su propio grupo parlamentario al que pueda manejar a gusto y antojo, y así ejercer su poder (obtenido por puro populismo) también desde el Congreso.

Y, para este fin autoritario, la bancada de Peruanos por el Kambio era un escollo a desechar: legisladores como Mercedes Aráoz, por ejemplo, no están de acuerdo con normar la no reelección de parlamentarios, mientras que Gilbert Violeta mostró su indignación cuando el mandatario, luego de días de arduo trabajo multipartidario, le dijo sin reparos “no a la bicameralidad”.

En el oficialismo, valgan verdades, cada uno tiene su agenda personal y, dada la experiencia política de varios de sus miembros, no se están cumpliendo (y muy bien por eso) a rajatabla los caprichos del exgobernador moqueguano. El último esfuerzo de “reorganizarse” y evitar la fuga de talentos ha sido designar a Jorge Meléndez y Ana María Choquehuanca como voceros para apaciguar las aguas.

Así, resulta coherente con sus nada santos intereses que el jefe de Estado espere con ansias la conformación de la bancada que se denominará “Bicentenario del Perú”, la cual estaría integrada por los caviares expepekausas, los ‘Avengers’ de Kenji Fujimori y otras perlitas lideradas por Roberto Vieira. Estamos hablando de unos veinte parlamentarios al servicio de Vizcarra. Por lo pronto, la Comisión de Constitución tiene que pronunciarse sobre el fallo del TC que estableció irregularmente que los congresistas que hayan dimitido a conciencia sí podrían conformar un grupo parlamentario.

Frente a este panorama, lo peor que podría suceder es que la oposición (Fuerza Popular) se quiebre y renuncie al control político al que penosamente ya declinaron los antes mencionados por –tal vez– algún favorcillo desde Palacio de Gobierno. No les vendría mal recordar que eso no impedirá que sean víctimas de persecución, tal como ocurrió a los fujimoristas que, en su afán de salvarse, se dividieron con la renuncia del Chino en el 2000. Confiados en que así obtendrían misericordia, gracias a que depusieron armas fueron aniquilados.

– Resulta hasta conmovedor ver al periodista Jaime de Althaus bregando honestamente para que el presidente Martín Vizcarra cambie de parecer y apoye la bicameralidad. No obstante, el hombre de prensa omite que al populista mandatario solo le incumbe que se apruebe en el referendo la no reelección de parlamentarios (y el bicameralismo dejaba la puerta abierta para la reelección de diputados y senadores) para que, al final de la jornada, se diga en el cartel mediático que el presidente “venció” a la mayoría “fujiaprista”.

Es lamentable que el legado que dejará Martín Vizcarra sea un Congreso unicameral sin reelección, lo que significa que tendremos –a partir del año 2021– 130 legisladores inexpertos a merced de los embates del presidente de turno (tal vez del mismo Vizcarra) que la tendrá muy fácil para usurpar el primer poder del Estado. Pobre nuestro país.


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