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¡Gilipollas!

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En simple y como siempre lo hemos dicho aquí: "los hermanitos", las conversaciones telefónicas plagadas de jerga, las entradas de cortesía para los partidos de fútbol local o del Mundial, las comilonas y los chismes no constituyen ningún delito y tampoco banda u organización criminal alguna según nos han restregado en la cara los españoles.



En España un tribunal de justicia civilizado ha aceptado extraditar al exjuez supremo César Hinostroza por tres delitos menores. Ese mismo tribunal ha rechazado sin embargo entregarlo a la justicia peruana por el delito mayor de cabecilla de una “organización criminal”. De inmediato, en Lima –como sería absurdo e increíble echarle la culpa a los asépticos jueces españoles de pertenecer a una “mafia” o de estar coludidos con “Los cuellos blancos del puerto”–, lo primero que han hecho la cofradía de periodistas ayayeros de la fiscalía capturada por el IDL, Vela, Pérez y Compañía ha sido señalar al Congreso como el responsable del fallo español, al no haber aprobado la acusación por “organización criminal” en contra de los exintegrantes del CNM, quienes de acuerdo con la solicitud de extradición forman parte de la red criminal que habría dirigido Hinostroza.

Esa es ahora la historieta que las Huertas, los Chincha y otros indignados de la opinología y la política quieren vender a los incautos. Pero hay que ser un estulto para creer en semejante patraña, pues lo que no dicen los del cartel mediático es que el fundamento de la sentencia de los jueces españoles es más claro que el agua: desnuda la farsa judicial y la parodia de acusaciones fiscales que se están llevando a cabo en el Perú, ensalzada por una prensa coludida con intereses subalternos.

Como reseña El Comercio, “el tribunal español justificó esta decisión en dos ejes centrales. El primero se refiere a que los elementos presentados por la FISCALÍA peruana –el uso de “palabras claves”, la relación de amistad y la organización de almuerzos por parte de empresarios– no identifican a “una auténtica organización criminal” en “Los Cuellos Blancos del Puerto”. Agrega que estos hechos solamente puede ser “el origen del prevalimiento en el tráfico de inferencias, pero nada más”. En simple y como siempre lo hemos dicho aquí: “los hermanitos”, las conversaciones telefónicas plagadas de jerga, las entradas de cortesía para los partidos de fútbol local o del Mundial, las comilonas y los chismes no constituyen ningún delito y tampoco banda u organización criminal alguna, como se encargaron de machacar durante meses y meses fiscaletes y periodistuchos de investigación en portadas, artículos de opinión, radio y redes sociales hasta crear de la nada algo que no existía. Eso es lo que en resumen ha dicho el tribunal español, en el caso de la extradición de César Hinostroza sobre la fiscalía, la justicia y la prensa peruana.

Y claro que Hinostroza no es jefe de organización criminal alguna (pues “Los Cuellos Blancos del Puerto” es un cuento chino inventado por la Diviac) si se aplica el mismo principio del tribunal español a los exconsejeros del CNM, pues el argumento de que estos pertenecen a una “organización criminal” se funda en “el uso de palabras claves, la relación de amistad y la organización de almuerzos por parte de empresarios”. En otras palabras, esa es la razón por la cual ni Hinostroza ni los exconsejeros pertenecen a una organización criminal según los tribunales de justicia españoles. De ahí se sigue que Hinostroza no puede ser cabecilla de una “banda” que a juicio de los españoles solo existe en la fantasía de la fiscalía, el Poder Judicial y la prensa peruana. Porque pruebas, ni una.

Si existe entonces alguna responsabilidad del Congreso es haberse dejado intimidar por portadas y titulares y bravuconadas del gobierno amparado entonces por la “opinión pública” de las encuestas bamba, habiendo calificado a Hinostroza a última hora como jefe de una “organización criminal” (por el uso de “palabras claves”, la relación de amistad y la organización de almuerzos por parte de empresarios) y no acusar (como hizo bien) a los ex CNM de pertenecer a esa organización criminal por los mismos considerandos (por el uso de “palabras claves”, la relación de amistad y la organización de almuerzos por parte de empresarios).

Los españoles, en buen romance, nos han dicho a todos: ¡gilipollas!

Foto: Agencia Andina

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