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Opinión


24 Marzo, 2015.

Gareca, Saavedra, Velasco y Burga

Las crisis no se solucionan por arte de magia: hace falta un esfuerzo sostenido e ininterrumpido.

Phillip Butters

| Columnista

Cuando camino por la calle, cada cincuenta metros alguien me pregunta: ¿Gareca nos llevará al Mundial? Sonrío o me río abiertamente, y luego les respondo de manera coloquial: ¡Ni de a vainas!.

Ojo, hay hinchas de todo tipo: viscerales, apasionados, ignorantes e ingenuos. Ese es su derecho; para ser fan no tienes que saber nada, solo te tiene que gustar el fútbol y ya. Sin embargo, para ser futbolista sí necesitas saber bastante, al igual que un médico que estudia ¡diez años! La diferencia es que los doctores comienzan la universidad a los dieciocho y los futbolistas empiezan su aprendizaje a los diez —y recién a los veinte puede vislumbrarse en qué puesto van a jugar o si resultan buenos, regulares o malos—. Así como hay médicos mediocres, aunque hayan estudiado años de años, esto también pasa sobre el verde césped.

Dicho lo anterior, si no tenemos una masa crítica de miles de jugadores, ¿cómo Gareca, Mourinho o Mandrake podrían hacer una buena selección capaz de competir con Argentina, Brasil, Uruguay o Colombia? Sería como pedirle al ministro de Educación Jaime Saavedra grandes resultados en las pruebas de comprensión lectora o matemática. ¡Por algo las pruebas PISA nos ubican en el nivel de Haití!

Pregunto, entonces: ¿alguien razonable le puede exigir a este o cualquier titular del pliego educativo que los educandos peruanos compitan con sus pares de Finlandia, Inglaterra, o Japón? Gracias a Dios, en nuestro país la gran parte de la mal llamada clase política —obviamente, ya ha mostrado que no tiene mucha clase— ha internalizado por fin que el trabajo en educación es de larguísimo plazo, que tardaremos décadas en llegar a tener grandes resultados y que es sumamente complicado resanar los 30 000 millones de soles de déficit de infraestructura y equipamiento en colegios y universidades.

Igual razonamiento nos debe llevar a entender la punta del iceberg de ese desastre del “julbo” peruano. Ese deporte que hace lustros se llamaba fútbol —y que destrozaron Burga y sus comechados— requiere de esfuerzos sostenidos e ininterrumpidos para ver resultados recién en unos diez años.

Y les dejo la del estribo: comparen a Velasco, su reforma agraria y su política de sustitución de importaciones con Burga y su debacle. ¿Acaso nos resultaría fácil ser una potencia agrícola? ¿Acaso la industria manufacturera se ha levantado luego de 25 años de apertura comercial?


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