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Opinión


12 Febrero, 2018.

El verdadero funcionario público (II)

"Si bien quien trabaja para el Estado no lo hace para recibir las gracias, tampoco espera ser denunciado penalmente sobre la base de mentiras".

Lesly Shica

| Columnista invitada

“Si bien quien trabaja para el Estado no lo hace para recibir las gracias, tampoco espera ser denunciado penalmente sobre la base de mentiras”, se quejaba hace poco un amigo. Gran verdad.

Casi inmediatamente después de que salió publicado el primer artículo sobre el tema que nos ocupa, algunos amigos funcionarios públicos de cuya honestidad doy fe me escribieron para pedirme consejo. ¿Qué tenían en común ? Que todos en algún momento habían recibido citaciones como consecuencia del desarrollo de su labor pública.

¿Y por qué tipo de “delitos”? Basta un ejemplo: disponer del traslado urgente de un camión cisterna hacia una zona afectada por desastres, cuyos pobladores no contaban con un solo servicio básico. La acusación era de colusión agravada, negociación incompatible y aprovechamiento indebido del cargo… ¡”EN AGRAVIO DEL ESTADO”!

O sea, lo que el denunciado dispuso fue justamente en salvaguarda de aquello más preciado del Estado: la dignidad de la persona. Así lo declara la Constitución Política del Perú. Pero no: para ellos eso es delito.

En mi artículo anterior comentaba que un verdadero funcionario público es aquel que verdaderamente se juega todo por lo que cree. Hoy le sumo a ello lo que oí decir a otra funcionaria honesta: “Se trata de una oportunidad excepcional que debe aprovecharse al máximo para dejar huella en la sociedad”. Entonces, ¿dónde quedó el cuidado, de parte del sistema, a la hora de distinguir denuncias evidentemente maliciosas —con frecuentes motivaciones políticas— de los casos de auténtica corrupción?

En estos días, donde poco o nada es verdadero, lo mejor que puede hacerse es cuidar lo bueno.


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