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Opinión


16 Mayo, 2018.

¡Fue Teté!

No, señora Foronda. El desacierto no es del Congreso. El Congreso como institución no evalúa la idoneidad moral del personal DE CONFIANZA que cada congresista lleva para trabajar allí: USTED SÍ.

La congresista María Elena Foronda, del Frente Amplio, ha dicho que “confiar en evaluación del Congreso ha sido un desacierto”. Esto a cuento de la contratación de su asistente de confianza que resultó ser una exsentenciada por terrorismo que purgó dieciséis de los dieciocho años de prisión que recibió por alquilar un inmueble para las “cárceles del pueblo”, mazmorras en las cuales el MRTA violaba los derechos humanos de gente inocente a los que torturaba para pedir plata.

No, señora Foronda. El desacierto no es del Congreso. El Congreso como institución no evalúa la idoneidad moral del personal de confianza que cada congresista lleva para trabajar allí: quien lo evalúa es usted por la sencilla razón de que FUE USTED quien CONFIÓ en las calidades éticas y profesionales de la señora Nancy Madrid Bonilla. El Congreso se limita a exigir requisitos estándar para cualquier servidor público, con el fin de determinar la escala remunerativa y si a la fecha de ser contratado tiene antecedentes policiales, penales o judiciales. Y si a la fecha de la contratación los tiene, no entra al Congreso.

Cuando una persona sentenciada cumple su condena, LOS ANTECEDENTES SE BORRAN porque así lo estipula la ley. Por eso el Congreso no tiene por qué saber que SU ASISTENTE DE CONFIANZA FUE TERRORISTA, pero usted sí. ¿O usted nos va a decir que no sabía? ¿Usted nos va a decir que no conocía el pasado violento de su asistente de confianza? ¿Que usted no estaba enterada de los dieciséis años que pasó en la cárcel? Las preguntas antedichas son, sin embargo, ociosas, desde que usted misma ha justificado la contratación de la señora Madrid Bonilla afirmando que “merecía reinsertarse a la sociedad, tras cumplir su sentencia”.

Es entendible, dadas las convicciones políticas igualitarias de la congresista, que la señora Foronda no crea en la NOBLEZA en tanto condición superior del alma. Y, por tanto, que rechace que haya personas superiores a otras en virtud de esa nobleza.

Nosotros, criados a la vieja usanza, sí creemos en la nobleza y en la superioridad de aquellos que la poseen. Para nosotros es noble quien asume su responsabilidad cuando comete una falta. Para nosotros es noble quien no endosa sus culpas a otros cuando consuma un grave error de juicio. Para nosotros es noble quien dice “me equivoqué, lo siento mucho”.

Y así, mientras a algunos los obliga la nobleza, a otros muy lamentablemente, no.


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