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Opinión


9 Octubre, 2015.

¿Frente Amplio o frente estrecho?

La incertidumbre en torno a la supuesta democracia de sus "elecciones internas"

Patricia Arévalo

| Columnista

El domingo pasado miles de personas acudieron a votar para definir al candidato por el Frente Amplio de izquierda. Los principales candidatos eran Verónika Mendoza y Marco Arana: la primera, una congresista joven, carismática, cusqueña y cosmopolita a la vez: el sueño dorado de la izquierda moderna. Arana, por su parte, líder durante años del movimiento contra Yanacocha, representaba a las bases norteñas y cajamarquinas:  peor pesadilla de Roque Benavides.

La movida era interesante pero la estructura, muy frágil. En primer lugar, ¿cómo se hacen “primarias” cuando no hay partido ni bases organizadas? Cualquiera podía votar, y la falta de control podía incluso permitir que un mismo votante se acercara a varias mesas y dejara su voto en cada una de ellas, o que hubieran mesas sin personeros.

Parece que algo así sucedió, pues ni siquiera se ha informado sobre cuántos votaron, aunque se cree que fueron entre 20 y 30 mil ciudadanos. ¡Menuda diferencia! No parecía difícil sumar los votos de 350 mesas; sin embargo, lo que se debió anunciar el domingo fue postergado para el miércoles. Hoy, jueves, no hay novedades oficiales y no se ha informado sobre las razones. Todo son rumores, lo cual es siempre peor que cualquier verdad.

Gane quien gane —e independientemente de la explicación que se dé— lo cierto es que el procedimiento está viciado. Gane quien gane, la ilegitimidad que da la falta de transparencia pone un velo sobre el triunfo.

Todo parece indicar que en estas circunstancias jugar a perdedor resulta ser ventajoso. Si Mendoza perdiera, podría aliarse con el otro sector de la izquierda e ir en una fórmula mixta que se acerque un poco más a la ansiada unidad. Estaremos a la espera. 


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