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Opinión


2 Marzo, 2018.

¿Financiamiento de campaña? ¡Pregúntenle a Vargas Llosa!

De cómo afrontó el candidato el financiamiento de la campaña presidencial de 1990 y cómo sus adláteres de hoy se burlarían de la solución que le dio al tema.

Leo lo siguiente del colega Augusto Álvarez Rodrich en la La República: “Es penoso tener candidatos sin la menor responsabilidad para no saber de dónde salía el dinero para sus campañas. Tan penoso como pensar que se les va a creer que no sabían nada del tema. Nunca más debemos tener postulantes que no puedan responder con precisión, durante la campaña, quién paga para ponerlos en un puesto público. El problema de fondo es una comunidad política corrupta que diseña leyes para no informar sobre el financiamiento de campañas ni asumir responsabilidad por su origen.”

De inmediato se me vino a la mente algo que leí sobre la campaña de Mario Vargas Llosa de 1990 y, buscando en El Pez en el Agua –sus memorias sobre esta– lo encontré: ” Organizar mítines, abrir locales, hacer giras, montar una infraestructura nacional y mantener una campaña cuesta mucho dinero. Tradicionalmente, en el Perú, las campañas electorales sirven también para que, a su sombra, parte del dinero reunido termine en los bolsillos de los pícaros, que abundan en todos los partidos, y, en muchos casos, los frecuentan con ese fin. No hay leyes que regulen la financiación de los partidos ni de las campañas y, cuando las hay, son letra muerta […] “.

Entonces, prosigue Vargas Llosa, “Decidí no saber quiénes hacían donaciones y cotizaban para Libertad y el Frente Democrático ni a cuánto ascendían las sumas donadas, para no tener más tarde, si era presidente, que sentirme inconscientemente predispuesto en favor de los donantes. Y establecí que solo una persona estaría autorizada a recibir la ayuda económica […] y constituí un comité de personas […] para que supervigilara los gastos de campaña […] Prohibí a todos ellos que me dieran información alguna sobre lo que se recibía y se gastaba […] Esta disposición se cumplió al pie de la letra”.

La de Vargas Llosa fue una de las campañas presidenciales más caras de su tiempo y, como se ve, los mismos problemas de hoy –literalmente– existían hace veintiocho años. Para Vargas Llosa la solución no pasó, sin embargo, por lo que exige AAR sino por todo lo contrario: no saber nada acerca de su financiamiento.

Es la idoneidad moral de cada candidato amparada en su trayectoria política individual la que legitimará o no ese “yo no quise saber nada” o “yo no supe nada”; y es la justicia la que deberá corroborar el dicho con las pruebas en la mano.


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