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Opinión


29 Octubre, 2017.

Financiamiento de campaña: lo “esencial” puede ser invisible a los ojos

Mientras el Perú tenga una economía informal (e ilegal) tan significativa, será casi imposible tener un absoluto conocimiento de todos los actores y de la fuente de la riqueza que están detrás de un proceso político, problema que enfrentan la mayoría de países latinoamericanos.

No es la misma frase romántica y soñadora de Antoine de Saint Exupéry en El Principito, sino la verdad pura y dura acerca del dinero clandestino y de origen ilícito que siempre ensucia las campañas electorales. Lo más complicado es fiscalizar los fondos que compran voluntades —el inevitable dinero “negro”—, salvo que se descuiden los signos exteriores de su evidente presencia. Mientras el Perú tenga una economía informal (e ilegal) tan significativa, será casi imposible tener un absoluto conocimiento de todos los actores y de la fuente de la riqueza que están detrás de un proceso político, problema que enfrentan la mayoría de países latinoamericanos.

Algunas reflexiones:

(i) En un país donde el dinero es escaso, se critica el financiamiento público, el paternalismo estatal, el mal uso de nuestros impuestos. A pesar de sus detractores (Franco Giuffra en el El Comercio del 02/02/17) hay otros como Rodríguez Vélez, magistrado del JNE, que piensa que se debe lograr casi al 100%, como ocurre en México, para fomentar una mayor institucionalidad y evitar caer en tentaciones. Según lo aprobado por el Congreso el financiamiento público, cuya partida para el 2018 es de S/ 14’813,499, se aplica en igual proporción a gastos ordinarios y, a investigación, capacitación y educación. Considero que un  porcentaje de estos recursos debería concederse por la vía del reembolso, alternativa más eficiente para optimizar los controles y promover que los dineros se utilicen para los fines taxativamente establecidos por la ley. La devolución de fondos es impensable en el Perú.

(II) Se ha eliminado todo aporte de personas jurídicas, así no tengan fines de lucro, con el propósito de evitar que se comprometan a los partidos políticos con los intereses de las benefactoras. Estoy en desacuerdo. Las empresas siempre tendrán vías alternas para buscar un acercamiento al poder cuando lo necesiten y, si la oportunidad es posterior a las elecciones, apostarán directamente a ganador, con un menor costo. Es el típico caso de restricciones que estimulan la creatividad para ser eludidas.

(III) Todos los aportes, independientemente del monto, deberían estar bancarizados. La banca móvil y las “fintech” son herramientas modernas y muy útiles para estos propósitos; hay que evitar el uso de efectivo.

(iv) Las campañas políticas deberían ser más cortas, el mínimo de 270 días para convocar a elecciones es excesivo e implica más gasto; lo mismo ocurre con el plazo entre la primera y segunda vuelta cuando se trata de las presidenciales. Se debe promover que los partidos políticos estén siempre cerca de la ciudadanía y no solo cuando obliga la campaña.


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