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Opinión


11 Octubre, 2018.

Evo camina hacia la dictadura

A través de leguleyadas y siguiendo tracaleras maniobras de Hugo Chávez y Nicolás Maduro (sus espejos políticos), el mandatario boliviano extendió su mandato de cinco a catorce años y ahora pretende alargarlo cinco años más.

Luis Gonzales Posada

| Columnista invitado

Camina al fracaso el inconstitucional proyecto reeleccionista de Evo Morales, quien pretende postular por cuarta vez para el periodo 2020-2026. La razón, de acuerdo con las encuestas, es que la población lo considera responsable del revés en la Corte Internacional de Justicia ante Chile, sin duda la mayor derrota de un gobierno en la historia diplomática de ese país.

El ex vicepresidente de Bolivia, Hugo Cárdenas, resumió ese fracaso diciendo que fue consecuencia de “su agresividad, incontrolable locuacidad e incomprensión del tema marítimo” y, además, porque el mandatario “tuvo una actitud electoralista, frívola y de confrontación” esperando un resultado favorable para iniciar su campaña electoral. La historia del líder indígena es propia de quien no distingue la legalidad de la ilegalidad y tampoco comprende los principios básicos que regulan el sistema democrático y la vida en las naciones civilizadas.

En efecto, en 2006 ganó las elecciones dentro del marco normativo de la Constitución de 2004, que en su artículo 87 precisa que el mandato presidencial es de cinco años y prohíbe la reelección inmediata. Aplicando el modelo chavista, el 2009 Morales promovió una reforma constitucional para crear el Estado Plurinacional y permitir una reelección inmediata, cambios que fueron respaldados por un referéndum. Hecha la ley, hecha la trampa: en 2009 Evo se presentó para cubrir el periodo presidencial del 2010 al 2015, y después del 2015 al 2020. Todo gracias a la “interpretación” de un sumiso Tribunal Constitucional que apoyó esa segunda –o tercera– reelección.

Así, a través de leguleyadas y siguiendo tracaleras maniobras de Hugo Chávez y Nicolás Maduro (sus espejos políticos), extendió su mandato de cinco a catorce años y ahora pretende alargarlo cinco años más. Para hacerlo, en febrero del 2016 convocó a otro referéndum con el propósito de que el pueblo apruebe la reelección indefinida pero perdió. Sin embargo, después de expresar que respetaría los resultados deshonró su palabra y recurrió al desprestigiado Tribunal Constitucional. Este organismo, en una vergonzosa resolución, señaló que ni la Constitución ni el referéndum están por encima de los “derechos humanos” de un ciudadano para que pueda ser reelecto indefinidamente.

Aquel torpe y estrafalario fallo –por llamarlo de algún modo– fue remitido por la OEA a la Comisión de Venecia, órgano consultivo del Consejo de Europa integrado por prestigiados académicos expertos en Derecho Constitucional, quienes en febrero de este año emitieron un informe concluyente en el sentido de que una reelección no tiene vinculación con los derechos humanos y que limitar los mandatos más bien “garantiza la democracia y no equivale a discriminación”.

A pesar de lo anterior, todo indica que Evo Morales volverá a postular, y de hacerlo se habrá puesto al margen del orden internacional, aunque ahora el oleaje del frustrado intento de acceder soberanamente al Océano Pacífico haga naufragar su ambición de perpetuarse en el cargo.


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