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#LoMásLeído: Estrella de cine B

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Viéndolo, podríamos decir que pasó de ser un actor de nombradía en el mundo de las tablas y del cine nacional a protagonizar una película de clase B como primer ministro. El guión es malo y Del Solar no encuentra su papel.



Existe una larga lista de grandes actores y actrices que terminaron sus días en películas de clase B. Ernest Borgnine, Bela Lugosi, Ava Gardner e Ivonne De Carlo, por poner algunos ejemplos fueron rutilantes protagónicos del star system y terminaron haciendo el ridículo para pagar las cuentas con cualquier guión que les ponían al frente.
Por el contrario, hubo también actores mediocres de clase B que saltaron al reino de la actuación por excelencia: la política. Ronald Reagan llegó a ser presidente de los Estados Unidos (el mejor de la segunda mitad del siglo XX); Arnold Schwarzenegger pasó de exhibir sus músculos en los 70 a liderar las taquillas en los 80-90 y de ahí a gobernador de California; y Donald Trump migró de los cameos en cuanta película pudo (Mi pobre angelito, por ejemplo) a realities (The Aprentice) y de ahí a la Casa Blanca (el mejor presidente del último cuarto de siglo).
Salvador Del Solar es actor y también presidente del Consejo de Ministros. Hoy se presentó ante el pleno del Congreso y pidió el voto de confianza para su política general de gobierno. Viéndolo, podríamos decir que pasó de ser un actor de nombradía en el mundo de las tablas y del cine nacional a protagonizar una película de clase B como primer ministro.
El guión es malo y Del Solar no encuentra su papel. Su intervención sobre “cambiar la historia” se parecía a una mala arenga de Talma en Los Templarios, como dijo irónicamente Alejandro I de Napoleón en Berlín. Ampulosa pero sin contenido alguno y plagada de lugares comunes, la oratoria se convierte en “floro”.
Tampoco ayuda la función. Lo que se llama acá “voto de investidura” es un formalismo ridículo (en un régimen presidencialista) en el que el titular del premierato propone una lista de lavandería para salir del paso, tal como lo ha hecho hoy Del Solar. La única excepción a la regla es que la mediocre función de investidura se convierta en una Gran Función, esto es, por ejemplo, que se pida un voto de confianza para alguna política de gobierno con las consecuencias que esto conlleva para el Congreso.
Como ello no ha sucedido –porque el gobierno ya usó esa bala de plata y ya no está en condiciones de volver a hacerlo con un descalabro de 17% en un mes en la aprobación del Ejecutivo–, el discurso del premier es uno más de tantos que hemos visto en el Congreso.  Y si no capta la atención de los especialistas, menos captará el ojo de la cazuela que es el 99% del Perú. Las reformas y la lucha anticorrupción son un “género” que ya no vende.
Como reflexión podemos decir que todos los actores que de la política han regresado a la pantalla han fracasado. Schwarzenegger es el ejemplo más patético con su ¿sexta? versión de Terminator. Ojalá no sea el caso de Salvador Del Solar.
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