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Opinión


4 Mayo, 2018.

Esto es guerra

En el Perú el arroz es de acceso universal, básico en la dieta y un vehículo absolutamente eficiente para hacer llegar los micronutrientes, especialmente a los niños. Y en el Congreso envejece un proyecto de ley para su fortificación con hierro. ¿Por qué sigue dilatándose su aprobación? ¿Qué espera la Comisión de Salud?

La mejor parte del discurso del premier fue su indignación por la alta tasa de anemia y desnutrición en el país. Fue durísimo confrontar las cifras en blanco y negro, y hacerse responsable por ellas, pero mucho más doloroso resulta salir a campo y ser testigo presencial de la miseria. Es alarmante y sobrecogedor a la vez. La lucha contra este mal que azota el país desde siempre no puede quedarse en exclamaciones de ira, efímeras portadas o buenas intenciones: tiene que ser un top of mind para los peruanos.

La batalla contra la anemia tiene que estar presente siempre, en nuestro entorno y vida cotidiana, sin descanso.

Convivimos con el problema de la miseria desde que abrimos los ojos al mundo. Será por ello que somos bastante indiferentes hasta que algún bombazo inesperado nos remueve, como aquel en que el INEI anuncia que este último año 375 mil peruanos pasaron a la pobreza. Remordimientos de conciencia silenciosos, atribuciones de culpa por doquier; todos andan en estado de shock por el incremento de la pobreza monetaria cuando hace unos pocos meses la BBC difundía un programa intitulado:  “Como el Perú deslumbró al mundo al reducir más del 50% de la pobreza en diez años”.

En dicho especial destacaban las declaraciones de Jelke Boesten del departamento de Desarrollo Internacional del King’s College en Londres: “Estos programas son muy baratos, especialmente Juntos –US$30 al mes para beneficiar a 200,000 familias– está muy bien dirigido; lo que lo hace tan efectivo. Está muy bien administrado, de manera que técnicamente es muy inteligente”. O, como recientemente afirmaba el analista de opinión guatemalteco Edgar Ortiz: “El gran reto del país es crecer y sacar millones de la pobreza como ha ocurrido en Perú, en los últimos veinte años, por ejemplo”.

Hemos vendido tan exitosamente la imagen de un Perú próspero y en crecimiento que nos la llegamos a creer y bajamos la guardia. La pobreza, la anemia y la desnutrición merecen un permanente estado de guerra, una alarma continua. Todos recibimos la noticia conmocionados, pero luego el impacto ha ido cediendo a medida de que nos vamos justificando y, finalmente, regresamos a nuestra cotidianeidad. Simplemente se trataba del aumento de la pobreza monetaria: de esos arbitrarios montos que permiten clasificar si estamos ante un peruano de clase media o uno en condición de miseria.

¿Qué pensarán las desatendidas víctimas del Niño Costero, quienes tal vez gozan de un ingreso mayor de S/.338 mensual pero que viven en carpas, tienen que comprar agua potable carísima de camiones cisterna y están a merced de algún corrupto gobernador regional? Si eso no es pobreza, ¿entonces qué es? ¡No nos engañemos, por favor!

César Villanueva ha ofrecido reducir la anemia de 43% a 19% al 2021. Y pienso que el que mucho abarca poco aprieta. Las metas que se saben incumplibles desaniman; ergo, necesitamos cifras más realistas y establecer prioridades por regiones. Puno, Loreto y Pasco encabezan las de mayor incidencia de anemia.

En promedio, el consumo de hierro en el país es de tres miligramos cuando necesitamos llegar a los diez. En el Congreso envejece un proyecto de ley para la fortificación de arroz con hierro, un programa que fue muy exitoso en Costa Rica. En efecto, en dicho país la anemia se ha reducido de 13% a 7.6%, entre otras acciones gracias al consumo de este alimento fortificado. En el Perú el arroz es de acceso universal, básico en la dieta de la población y un vehículo absolutamente eficiente para hacer llegar los micronutrientes, especialmente a los niños.

¿Por qué sigue dilatándose su aprobación? ¿Qué espera la Comisión de Salud para darle trámite con carácter de urgencia? ¿Su presidente Ricardo Narváez Soto tiene algo que decir?

La mejor forma de apoyar al Gobierno en la inmensa tarea que tiene por delante es dejar la crítica en compás de espera. Hay que hacer una tregua y permitir que este nuevo equipo ponga en marcha las ambiciosas metas que se ha trazado.

Los primeros que deberían apoyarlo, sin remilgos y engreimientos, son los congresistas de su propia bancada. Ha sido de muy mal gusto los comentarios de algunos de ellos ante la presentación de César Villanueva. Convendría recordarles que las segundas oportunidades implican renovación y el resentimiento es una emoción que intoxica; después de todo, siguen siendo Gobierno y están en la obligación de respaldarlo.

El premier no es un terno a la medida y la anemia, la pobreza, la desnutrición no esperan. ¡A remangarse y manos a la obra!


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