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Opinión


1 Marzo, 2018.

Error de Doctor

Este sujeto Eloy Espinoza Saldaña no puede seguir ni un minuto más en el Tribunal Constitucional, a guisa de deslegitimarlo moralmente.

Eloy Espinoza Saldaña se pasó de la raya. Sería francamente inaudito que en el Tribunal Constitucional algunos de sus amigos sigan apañando a este farsante que ha timado al Congreso de la República, a la comunidad jurídica y a la ciudadanía cuando postuló al cargo de magistrado constitucional, un honor que tiene por fundamento mínimo la honestidad intelectual.

Espinoza afirmó algo que no era: doctor en derecho por la Universidad de Buenos Aires UBA. Así consta en su hoja de vida presentada ante la representación nacional. Nunca quiso enseñar el título que lo respaldaba pues a sus amigos humalistas que lo nombraron les importaba un bledo con tal de que les devolviera el favor llegado el momento que sabían estaba pronto a llegar. Hasta que, finalmente, la verdad salió a la luz y la prestigiosa universidad argentina ha señalado con todas sus letras lo que ya se sabía sotto voce: de doctor nada de nada. Mintió con descaro el tal Eloy.

Pero más descarada aún es su explicación. Dice ahora este doctor bamba que lo del título académico fue un error (¿de tipeo?), y su CV un “documento preliminar” (¿de expectativas académicas?) que tiene “errores”, que ya los corrigió… y así por el estilo. Este sujeto de mala nota es especialista en “corregir errores”. Fue el ponente –y por eso tiene una acusación constitucional que está por resolverse precisamente hoy en la Comisión Permanente– de una resolución que también corrigió un “error”, a saber, el cómputo de un voto que decía que no existía delito de lesa humanidad en el caso El Frontón y que, por lo tanto, los hechos imputados a oncebmarinos ya habían prescrito.

Una interpretación antojadiza terminó “corrigiendo” ese “error” y, en vía de “aclaración”, forzó una nueva votación que mandó a los marinos a juicio.

Este sujeto impresentable no puede seguir ni un minuto más en el Tribunal Constitucional, a guisa de deslegitimarlo moralmente. Deben expectorarlo sus propios miembros si no quieren pasar por cómplices de un timador avezado y sin escrúpulos. Aquí los hechos están claros y las “interpretaciones” de este error de doctor deben tener el fin que se merecen: el wáter.

Así son las cosas, señores magistrados. Por lo menos ustedes salven la cara del tribunal.


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