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Opinión

#ENTREVISTA a Juan Sheput: “Un grupo de trolls dirige los destinos del país”

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En diálogo exclusivo con POLÍTICO.PE, el congresista de Concertación Parlamentaria afirma que el gran problema del Perú es que quienes comentan la política ni siquiera entienden de qué se trata. Y señala —de cara a la elección de la nueva Mesa Directiva— la necesidad de consensos en cuanto a la reforma política, entre otros importantes temas.



Es inevitable empezar por lo coyuntural: leí un tuit suyo en el que desaprobaba la liberación de los hermanos Chávez Sotelo. ¿Le parece que hay un doble estándar?

Es insólito, ¿no? Aquellos que son realmente criminales y sobre los cuales existen audios que comprueban una relación perversa con la comunidad son liberados de manera “graciosa” por el Poder Judicial; y más bien aquellas personas sobre las que hay solamente indicios son conducidas de inmediato a los rigores de la justicia.

¿Usted considera, entonces, que hay elementos para sospechar de una justicia politizada?

No llegaría a eso, pero sí diría que por lo menos hay una justicia influenciada e influenciable por los poderes fácticos: llámese la prensa, estudios de abogados, ONG, y el propio poder político. Por lo menos, parece que se deja influenciar.

Eso no favorecería a las extradiciones de Alejandro Toledo y César Hinostroza; se sabe que son esas señales de cierta influencia las que estarían usando para alegar persecución política…

Hay que ser muy cuidadoso cuando uno habla de persecución política: eso no hay en el Perú. Lo que señalo es que hay una justicia influenciable, que a partir de un paginazo puede cambiar de opinión. Y no se trata del sistema justicia como tal, sino de algunos jueces que lamentablemente tienen un afán protagónico y eso los hace confundir su gestión con tener que satisfacer a todos. En este caso específico de Las Bambas, sostengo que hay una presión de índole regional sobre el caso de estos dos abogados, que al final va a lograr que exista una especie de “efecto espejo” en el resto del país, generando más presiones respecto a aquellos que han cometido delito alterando el orden público.

¿Que piensa sobre la opinión de algunos voceros mediáticos que sostienen que esta liberación alivia las tensiones en esa región? Insisten que en la capital seguimos divorciados de lo que pasa en el Perú.

Lo que pasa es que no podemos ver la liberación sin la amnistía, ¿no? Acá ha habido presiones del poder político.

Presiones que son visibles…

¡Por supuesto! Fíjate que se ha presentado en paralelo un proyecto proamnistía. Acá el problema de fondo no es la liberación de los hermanos Chávez Sotelo, sino el efecto que va a tener esta sobre todos los conflictos a nivel nacional: que el Estado pierda el control ante estas personas que han generado actos perniciosos. Eso puede tener un efecto multiplicador; ese es el tema de fondo.

¿Cree que ese proyecto de ley de amnistía propuesto en la mesa de diálogo por el congresista Arce de Nuevo Perú sería evidencia de algún pacto del Gobierno con la izquierda?

Yo no llegaría a eso; sí pienso que es un acto relacionado fundamentalmente con solucionar el conflicto pero a costa de la generación de “n” conflictos a nivel nacional. El “efecto espejo” que he venido mencionando.

En esa línea, ¿le parece que el reciente decreto de protección a los “defensores de los derechos humanos” emitido por el Ministerio de Justicia tiene un direccionamiento?

Es un decreto que tal y como está se halla dirigido a unas ONG y la verdad yo no le encuentro mayor sentido. En vez de sacar esos decretos supremos, el Ministerio de Justicia debería dedicarse a impulsar acá en el Congreso –recordemos que el ministro Zeballos es también congresista– los asuntos vinculados a la reforma de justicia. Pero no: entonces ya vemos cuáles son sus prioridades.

¿Sería un decreto con nombre propio o que tributa a un solo pensamiento?

Más que con nombres propios, que podrían ser de un par de ONG, yo creo lo segundo: tributa a un pensamiento único. No hay una apertura y va en contra de las funciones del Minjus. De todas maneras va a a tener un debate, lo que pasa es que ahora estamos concentrados en otra cosa. Pero ese decreto tiene que pasar por la Comisión de Constitución.

En este ambiente de crispación que no cesa y a dos semanas del lamentable suicidio del expresidente García, ¿qué significado le encuentra usted?

Para mí sigue siendo un acto político. Yo soy respetuoso de las personas que han tenido este fin dramático, y diferencio el dolor de los familiares de la acción de la justicia. Con lo que no estoy de acuerdo es con este ensañamiento a posteriori que alcanza a los familiares. Eso no es decente en ningún lugar del mundo.

Una reciente caricatura ha vuelto a activar esa polémica.

Esa caricatura es ligera en comparación a lo que uno ve en las redes sociales: ahí encuentras esa crueldad y enseñamiento con los familiares que, repito, ha sacado lo peor de ciertas personas. Es indiscutible que la vida política de los últimos 35 años ha girado alrededor de Alan García, y también es cierto que hay que continuar con los procesos de investigación. Pero ese ataque permanente en redes sociales a la familia es inadmisible.

Saliendo de este lamentable tema, nos toca mirar al futuro. Muchos han percibido en usted un rol bastante diferenciado de estos extremos, y la gestión de la Mesa Directiva ya termina. ¿Qué considera que queda pendiente? ¿Qué debería hacerse?

Estamos a tres meses de cambio de la Mesa Directiva. Creo que Daniel Salaverry ha hecho esfuerzos por mejorar la imagen del Parlamento; obviamente, hay aspectos en los cuales discrepo, por ejemplo, adelantar opinión en la crítica a algunos parlamentarios sin que hayan culminado las investigaciones. En todo caso, en términos institucionales considero que la próxima mesa tiene un gran reto: consolidar el proceso de mejora de la imagen y, por otro lado, impulsar una verdadera agenda legislativa en beneficio del país.

Justamente el presidente del Tribunal Constitucional ha dicho públicamente que “el Congreso no debe actuar en base a encuestas sino a responsabilidades constitucionales”.

Lo que pasa es que este Congreso está sufriendo las consecuencias –como todos los congresos del mundo– de la fiscalización a partir de las redes sociales. El mundo está atravesando por una transición en lo que se refiere a los comportamientos políticos, pero eso aún no se puede explicar ni debatir en el Perú. Yo agradezco a Político.pe que me permita explayarme sobre eso.

Por favor.

Cuando se ve esta problemática de desafectación en relación al Congreso, de negativa permanente, de críticas constantes, estamos olvidando que la gran mayoría de ruido viene de ese fenómeno llamado redes sociales que generan una percepción equivocada. Yo no tengo la menor duda de que este es el Parlamento que más ha trabajado en los últimos veinte años: ha trabajado los tres veranos, no ha tenido recesos, ha habido comisiones que han enfrentado situaciones políticas extremas como la renuncia del presidente Pedro Pablo Kuczynski, la propia censura de gabinetes. Entonces, tanto en el ámbito político como en el ámbito de producción es uno de los congresos que más más jornadas de trabajo ha tenido; sin embargo, se le ve como negativo porque no se entiende la política ni el rol fiscalizador, y tampoco que hay una pugna con el Poder Ejecutivo por propia crisis del sistema.

Quizá esta desconexión se deba a que se percibe que los congresistas actúan obligados por las circunstancias, presionados por otro poder…

O a que determinados sectores no han entendido que hay que respetar el origen de la representación parlamentaria que es el voto. No se ha aceptado al fujimorismo como primera fuerza política, no han querido que se comporte como mayoría. No se ha comprendido que en política debe haber acuerdos, compromisos, y vulgarmente han querido etiquetar ello como “repartija”.

La política se trata de consensos, precisamente.

Consensos, pactos, diálogos, renuncias. Pero la ciencia política en el Perú está crisis. Ciertos politólogos –no todos– están juzgando más con una cara sociológica. O sea, ¡esos politólogos no saben nada de política!

Hablando de consensos, hay rumores de que su bancada tendría buen pie para conseguirlos y ocupar la próxima Mesa Directiva. Hasta se ha deslizado un posible número: 68 votos. ¿Cree usted que tienen posibilidades?

La verdad es que aún no ha habido ni una sola conversación para ver el tema de la Mesa Directiva. Aún más: me parece que algunos hablan insistentemente del tema porque seguramente están desesperados por anticipar un debate que va a ocurrir recién dentro de tres meses.

¿Desesperados por anticipar a quién tienen que demoler?

Claro, y no creo que las demoliciones sean un síntoma de buena política. Parece que hay desesperación por asumir ese encargo y eso lleva a descalificar al oponente en lugar de plantear una lid correcta, ideológica si se quiere pero de ninguna manera descalificadora.

El reto hoy es la reforma política. Aníbal Quiroga decía hace unos días que era imposible llevarla a cabo con la actual fragmentación de bancadas. 

Ahí tiene una gran responsabilidad el Tribunal Constitucional, y también un sector de la prensa que alimentaba el quiebre al inicio del 2017. Nosotros decíamos que uno de los activos de este Parlamento era que solo tenía seis bancadas; no obstante se empezó a alentar las rupturas. Se dividió Frente Amplio, luego aparecieron los Avengers, la Bancada Liberal, ahora Concertación Parlamentaria, etc. Y no olvidemos que la dificultad se incrementa desde el momento en que una sola agrupación tiene 55 parlamentarios: Fuerza Popular. Por ejemplo, en procesos como la elección del Tribunal Constitucional –que requiere 87 votos– no se puede hacer absolutamente nada sin el fujimorismo.

Es una realidad.

Es una realidad, y por eso es sorprendente que haya quienes dicen que no se debe hablar con el fujimorismo. O sea, niegan la realidad. El fujimorismo y el Apra son sesenta votos: cualquier acuerdo político de magnitud se tiene que hacer conversando con ellos. La no conversación es la negación de la realidad y de la propia política. Por eso vuelvo a repetir: el gran problema del Perú es que quienes comentan la política ni siquiera entienden de qué trata la misma.

Usted es el delegado de la investigación a Chávarry en la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales, ¿por qué cree que el exfiscal de la Nación debe ser investigado?

El señor Chávarry ha cometido una serie de errores que lo han llevado a la acusación constitucional. Yo no puedo adelantar opinión porque soy el congresista delegado que lo investiga, pero sí puedo señalar que la investigación en curso es absolutamente objetiva e imparcial y es consecuencia de denuncias constitucionales por parte de seis parlamentarios. Por tanto, hay asidero para la misma.

María Isabel León, en la ceremonia en la que fue investida como nueva presidente de la Confiep, le dijo al presidente Martín Vizcarra: “Presidente, nosotros somos la orquesta y usted es el director. Solo recordarle que, cuando uno quiere dirigir bien, a veces tiene que dar la espalda al auditorio y solamente voltear para recibir la ovación final”. ¿Coincide con ella?

Son palabras muy sabias de la nueva presidente de Confiep. La verdad, necesitamos alguien de esa categoría y con ese conocimiento. La señora León es una persona que genera consensos y que sabe decir las cosas claras. Yo estoy muy contento con su nombramiento y creo en lo que ha mencionado. Muchas veces se me critica por ir en contra de las corrientes de opinión. O sea, si yo no pienso igual que el resto, soy sujeto de crítica. El presidente está cometiendo un gravísimo error en ir en el sentido de lo que le plantean algunos titulares, ciertas encuestas…

O la burbuja de las redes sociales.

Que es efímera. En las redes los trolls insultan a los parlamentarios y en la calle la gente de verdad nos saluda, se toma selfies con nosotros. Es decir: ¡un grupo de trolls dirige los destinos del país!

En 1921 Leguía nos dejó una valla bastante alta. Ahora usted preside la Comisión Bicentenario del Congreso de la República. ¿Cuáles son los avances?

¡Creo que en la Comisión Bicentenario del Congreso se está trabajando tan bien que nos confunden con la comisión del Ejecutivo! Al punto que importantes intelectuales vienen a pedirnos cosas que no nos corresponden porque se trata de una comisión parlamentaria. En el ámbito historiográfico el Fondo Editorial está haciendo una gran labor que ya está siendo reconocida –a pesar de algunas mezquindades– por tirios y troyanos.

Para los proyectos emblemáticos estamos coordinando con todos los legisladores una sola agenda de trabajo con cada región que empieza este 28 de julio y que va en sinergia con el proyecto especial del Ejecutivo. Por otro lado, el Congreso en sí mismo ha empezado un proceso de transformación: rescate de su patrimonio, mejora de su legado historiográfico, archivístico. Se está trabajando en diversos frentes, a la altura de las circunstancias.

Se quiere, entonces, proyectar una toma de conciencia.

Sí. El papel fundamental del Congreso como caja de resonancia ha contribuido en grado sumo a que el Bicentenario ingrese a la agenda país. Tenemos la Revista del Bicentenario y somos la única entidad del Estado que viene organizando, en conjunto con el proyecto especial del Ministerio de Cultura, eventos permanentes. Nuestro objetivo es posicionar en la opinión pública la importancia de estos doscientos años de vida independiente.

¿Espera que los medios le den la resonancia debida?

Qué bueno que lo menciones. Los medios reclaman que se haga algo, pero cuando lo hacemos no le dan atención. Te cuento que hace poco un medio muy grande me hizo una entrevista de dos horas sobre este tema y después no sacaron una línea. Imagino que como no genera escándalo no lo toman en cuenta.

Foto: Andina

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