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#LoMásLeído ENTREVISTA a Giuliana Caccia, de FAM: “Cuando un niño nace, ¿dónde llega? ¿A la oficina de la ministra o a nuestros brazos?

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En el contexto de la interpelación a la titular del MINEDU a causa de las irregularidades en los textos escolares, la directora de Fundación para la Familia lamenta que el término "género" haya generado tal división en la sociedad. Afirma, sin embargo, que el camino es el consenso.



Las preguntas de la interpelación son políticas; la interpelación es política. La ministra ha aceptado los errores y emprendido las correcciones. Pero uno de los reclamos de un sector de la ciudadanía es que el MINEDU no ha tomado en cuenta la opinión de los padres de familia. ¿A qué padres se refieren?

A un mayoritario grupo de padres que no han sido consultados porque no están de acuerdo con la implementación del enfoque de género y no lo van permitir.  Y eso a cualquiera le genera suspicacia sobre qué intereses están detrás de ese afán desmedido por imponer un currículo con enfoque de género, cuando saben que la gran mayoría de peruanos no está a favor de este.

Pero la última encuesta de Ipsos sostiene que un 82% sí estaría a favor de ese enfoque.

Te leo la pregunta: “¿Está de acuerdo en desacuerdo conque se incluya el enfoque de género, es decir, que hombres y mujeres tengan igualdad de oportunidades, derechos y deberes, en el currículo nacional”? O sea, si pones que el enfoque de género es “igualdad de oportunidades”, ¿quién te va a decir que está en desacuerdo? Esa pregunta está escandalosamente manipulada.

Volviendo al punto: ¿han sido o no consultados los padres?

De haberlo hecho durante la elaboración de esos textos, puedes estar seguro de que esos links inapropiados jamás hubieran pasado el filtro. Ahora se justifican diciendo que han incluido en la revisión a monjas y curas cuando, paradójicamente, nos acusan a los padres objetores de dogmáticos y cucufatos.

¿Cuál es, entonces, el siguiente paso que esperan del MINEDU?

Si algo se espera es la apertura al diálogo, de la búsqueda de puntos en común para llegar a consensos. Pero tengo dudas muy serias de que algo así pase: hace unos días el premier Salvador de Solar fue muy enfático en decir que los padres que no pensamos como él queremos llevar al Perú al retraso y él no lo va a permitir. Inclusive dijo que interpelar a la ministra Pablo es desenfocarla. ¿Desenfocarla de qué? ¿No es acaso el Currículo de Educación Básica uno de los puntos más críticos en cualquier sistema educativo nacional? ¿Es esta una actitud dialogante? ¿Inclusiva? ¿Así se defiende la “diversidad”?

Con lo que dice acepta que actualmente hay diferencias casi irreconciliables. Algunos reducen la solución de esta polarización a retirar el término “género”. ¿Cree que quitarlo sería un avance?

No un avance: sería “el” avance. Porque, si te das cuenta, no es que tengamos algún tipo de aversión al MINEDU ni mucho menos. ¡No le hemos cuestionado ningún otro enfoque de los otros seis que propone el currículo!

¿Y por qué no aceptan el de género?

La respuesta nunca es simple, pero voy a intentar resumirla en dos puntos. El primero: el género es un enfoque no científico, que separa la sexualidad humana de su naturaleza. Y segundo: el gran caballito de batalla –que entra como el de Troya— del enfoque de género es lo que llaman la Educación Sexual Integral, que si hiciera realmente honor a su nombre deberíamos valorarla todos los padres porque complementaría nuestra labor como guías de nuestros hijos.

Pero…

Pero bajo ese nombre tan bonito se esconde una enseñanza totalmente ideologizada y adoctrinadora sobre cómo vivir y valorar la sexualidad, además de alejar a los padres de la educación de sus hijos para que precisamente el adoctrinamiento no tenga ningún obstáculo. Y todo esto viene detrás de la palabra género. Te hago una apuesta al estilo de la historia de Salomón: qué tal si le proponemos al Minedu sacar la palabra género y a cambio le firmamos todo el resto: igualdad de oportunidades, respeto, no discriminación, etc. ¡Lo más probable es que prefieran cortar al niño en dos! Precisamente ahí, en el “género”, está el negocio.

¿En qué consiste ese negocio?

El género es una industria. El otro día leí un tuit de Promsex que decía que el enfoque de género tenía un “glosario de términos” al alcance de todos. ¿Educar algo tan natural como la sexualidad necesita un glosario? ¿O, por ejemplo, más bien se necesita que alguien dé el “servicio” de enseñarlo? Sin género no hay agenda: o sea, sin género no hay consultorías, asesorías y, yendo más allá, operaciones de cambio de sexo, vientres de alquiler, el aborto, entre otros. Y basta ver ejemplos concretos de los “premios” recibidos por algunos ejecutores estrella del género: Jaime Saavedra se fue directo al Banco Mundial –una de las instituciones que impulsan más el género—y Michelle Bachelet quien luego de destruir todas las leyes chilenas para imponer el género, se fue como directora de ONU Mujer.

Prácticamente está describiendo un complot internacional; de hecho, algunos toman ese temor en son de broma o burla.

Lo que creo, con mucha pena, es que nuestros políticos tienen deudas con esos organismos supraestatales y mientras estas continúen no hay mucho que hacer. Salvo, claro, que un gobierno destierre de un solo soplido todo lo construido por los progénero en todos estos años. Y sería así de fácil porque el género es eso: un castillo de naipes sin ningún tipo de soporte sólido.

Pero existe un numeroso grupo de académicos que tratan de darle ese soporte. 

Tú lo has dicho: un grupo que se retroalimenta en sí mismo. Solo ven lo que les conviene o lo que ellos mismos producen en sus facultades universitarias o especializaciones, ONG, etc. Por eso ese enfoque es ideológico: no responde ni a la realidad humana, ni a la científica, ni a la estadística, ni a nada con un mínimo de rigor académico.

Sus palabras son casi tan duras como los carteles de protesta colgados en los puentes. Ha sido curiosa la evolución del mensaje de protesta. Hemos pasado de links con contenido inapropiado a carteles que hablan de “textos porno y orgías escolares”.

Un gran grupo de peruanos –sobre todo los que tienen espacio en los medios y redes sociales— se han acostumbrado a solo ver los extremos. Así como el MINEDU y el premier ven a un grupo de padres como fanáticos fundamentalistas, el otro lado ve a los progénero como unos enfermos sodomitas. Pero esos son los extremos y, desafortunadamente, en los extremos no vivimos la gran mayoría ni reflejan la realidad. Por eso ninguna política pública va a funcionar si está dirigida únicamente a beneficiar a un solo lado. Las políticas públicas deben beneficiar a los que no estamos en los extremos.

Sin embargo, el que usted quiera que se retire el término “género” si la pone en el lado antagónico de los que la promueven.

Mi posición es que el enfoque de género y la Educación Sexual Integral sí implican una mirada de la sexualidad poco científica, y que podría incentivar –como ya se ha demostrado en otros países donde dichas políticas y contenidos vienen siendo implementados desde hace varios años— mayor libertinaje y, para tristeza de todos, el fracaso en conseguir los objetivos que todos queremos: igualdad, respeto, convivencia pacífica, entre otros.

En ese sentido, ¿cree usted que cuando la ministra, en una reciente entrevista, afirma que el enfoque de género incluye el reconocimiento de la diversidad le da la razón a quienes arguyen “contrabando ideológico”?

El término “diversidad” desde la perspectiva de género sí es contrabando ideológico.

¿Cómo algo tan positivo como el reconocimiento a la diversidad puede ser un contrabando ideológico?

Una mirada humanista a la persona y a su naturaleza te habla de que somos distintos, no diversos. De que somos hombre y mujer. Iguales en dignidad, distintos en naturaleza. Lo que es “diverso” no es la persona. La persona es un ser único. Lo diverso son las conductas y, en este caso, las sexuales que se quieren meter todas en un mismo saco y con la misma valoración ética. ¿Te das cuenta del truco ideológico? Nuevamente están poniendo el “hacer” sobre el “ser”. Y eso es ideológico aquí y en cualquier lugar del mundo.

¿Qué otro contrabando detectan?

¿Cuántas páginas tienes para esta entrevista? (Risas) Muchísimos. Te enumero algunos sin entrar en detalle: la defensa de la igualdad biológica de hombres y mujeres negando las diferencias, la invención del patriarcado, el rechazo de la mujer biológica y la maternidad, el aborto, la negación del síndrome post aborto, la aceptación social de la sexualidad como una creación personal y al margen de los dictámenes médicos y científicos, la presentación del amor romántico como origen de la violencia contra las mujeres, la criminalización del varón heterosexual por su naturaleza…

Los tachan de oscurantistas, retrógrados…

Bueno, que digan lo que quieran. Somos los padres y seremos siempre, por naturaleza, los primeros educadores. Cuando un niño nace, ¿dónde llega? ¿A la oficina de la ministra o a nuestros brazos? Así no quieran hablar de eso, hay una realidad que jamás podrán ocultar ni con el enfoque más revolucionario. Esa realidad es el amor. El amor es lo que nos hace radicalmente diferentes de los animales y de cualquier otro ser vivo; lo que nos define como seres humanos. Y no hay amor más fuerte y sólido que el de los padres a los hijos, y viceversa. El amor es una realidad antropológica.

Es decir, ¿para usted esta política educativa es una negación de la realidad?

El problema aquí es que los que llevan las políticas educativas parecen tener una gran ignorancia sobre qué es la persona y cuál es su fin. Muchas maestrías de género, pero cero en filosofía, teoría del conocimiento, antropología, etc. Y si lo saben bien, entonces son unos malvados. Solo un malvado puede negar lo que un padre, un padre normal como la gran mayoría, puede hacer por su hijo que es dar hasta su propia vida por él. ¿Qué amor más grande que ese? Y el Minedu nos quiere hablar de lo que es amar.

Las valoraciones, sin embargo, siempre serán subjetivas, abstractas, basadas en creencias o conocimientos previos. ¿Con qué evidencia fáctica cuenta para sostener sus posiciones?

Creo que la más rica puede ser la que nos dan las estadísticas de los países que han implementado las políticas de género hace varios años. Un ejemplo es el aborto.

Una de las justificaciones que se dan para legalizar el aborto es la cantidad de muertes causadas por el aborto inducido diciendo que permitiendo un aborto “legal y seguro” se evitarían esas muertes. Mira, en Estados Unidos se aprobó el aborto en el año 73; en esa época se practicaban alrededor de mil abortos legales al año. En 2016 hubo 650 mil abortos legales y 1500 muertes asociadas a dicha práctica. No lo digo yo, sino la estadística: si haces más abortos, tendrás más muertes. Lo mismo sucedió en España. ¿Otro ejemplo? En Suecia se lleva implementando políticas para reducir brechas de género por décadas y tienen hasta un gobierno feminista. Y, paradójicamente, presenta una de las mayores tasas de violencia machista de la Unión Europea. Hay cientos de cifras.

¿Es posible la convivencia entre la visión de ustedes y la de los sectores progresistas?

Yo creo que sería posible si, como mencioné antes, dejamos de ver los extremos y buscamos los puntos en común y encontramos soluciones conjuntas para alcanzar los objetivos que todos buscamos como sociedad. Y para eso deberíamos empezar a dejar de hablar de “nosotros” o de “ustedes”. Hasta ese uso del lenguaje nos separa. Y es, desafortunadamente, validado por personas como el premier Del Solar que ya trazó una raya que sacó del juego a la gran mayoría de padres que, por Constitución debería estar incluida. La gran mayoría de peruanos no queremos desigualdad, discriminación, brechas, violencia, bullying, etc. ¿Por qué no llegamos a un acuerdo? Porque el género nos divide. Y hay un sector que no piensa cederlo.

¿Cuál sería el ramo de olivo para la paz?

Desprenderse de cualquier interés político o económico que venga impuesto de fuera. Ya es de más conocido que el enfoque de género no es algo que nazca en Perú. ¡No somos tan “creativos”, gracias a Dios!

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