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Opinión


28 Junio, 2018.

Entre bifes y anticuchos

Cena carnívora del presidente Vizcarra con bancada pepekausa está obligada a derivar en recomposición absoluta del equipo oficialista.

César Campos

| Columnista

“La parrilla de la paz” ha bautizado el diario Expreso al encuentro que sostuvo el presidente Martín Vizcarra con diversos legisladores de Peruanos por el Kambio la noche del martes 26, en un restaurante especializado en carnes.

Lo simbólico de la locación escogida para este cara a cara del jefe del Ejecutivo y los parlamentarios que dudan llamarse “oficialistas” no es su cercanía a la residencia particular del primer mandatario. Radica en el sabroso pero cargado menú de ese género gastronómico donde los bifes, chuletas, cuadriles, morcillas, anticuchos, pollos, chorizos y otras porciones rebasan, en cocción interminable, las plataformas hirvientes y olorosas donde son ofrecidas.

Así imagino la agenda de conversación entre Vizcarra y el núcleo duro pepekausista (salvo Juan Sheput que llegó frugalmente a los postres): variado, intenso, hot, abundante. La formalidad de una cita palaciega o en casa de algún anfitrión oficioso entre gallos y medianoche le habría restado la trascendencia pública que en verdad merecía esta reunión destinada a limar asperezas.

Y la merece por algo que ya he comentado hace pocos días en Político.pe y que juzgo esencial, no solo para la supervivencia de la administración del moqueguano sino fundamentalmente para la del mismo sistema democrático urgido como está de una recomposición de sus cuadros políticos, en un periodo tan singular de nuestra vida republicana.

Ello es que el grupo PpK del Congreso recupere identidad oficialista conociendo e involucrándose en los principales planes del gobierno. Debe opinar internamente sobre los mismos y enriquecerlos. Luego debe cumplir lo que hacen todos los legisladores del oficialismo: ser las verdaderas bisagras para persuadir al resto de bancadas de las bondades de esos planes; pelear por estos. Pelear en el sentido de asumir, convencidos y entusiastas, los proyectos del Ejecutivo.

Esta actitud ubicará mejor el aporte parlamentario de personajes con reconocida experiencia política como Sheput, Carlos Bruce, Mercedes Aráoz o Guido Lombardi, y de quienes se dieron a conocer por la emergencia de Pedro Pablo Kuczynski a la primera magistratura como Gilbert Violeta o Ana María Choquehuanca. Podrán ganar la adhesión eventual de algunos disidentes como Vicente Ceballos o Pedro Olaechea. El norte es que no sean congresistas diletantes y desprendidos de la membresía política que adquirieron luego de padecer sus respectivas decepciones en gobiernos anteriores o en partidos a los que hace algunos años representaron.

Reitero: debe resultar claro como el agua que pasar de la militancia a la intolerancia no pintará nada bueno en cuanto al rol político de estos congresistas. Abonará a la extremada improvisación que ya se construye en los circuitos antisistema y al “que se vayan todos” del cual no están exonerados.

Por tal motivo, es beneficioso que –dando cuenta de un buen bife y devorando los anticuchos pendientes– se busque la recomposición absoluta del equipo oficialista. El mismo que está obligado a asegurar la gobernabilidad.


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