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Opinión


12 Junio, 2018.

Enough is enough

A la colega Carla Tello y a muchos que piensan igual que ella les diría que sí, pues: "género" es una mala palabra. Y lo es por lo que implica, esto es, una construcción arbitraria y dogmática de ver el mundo (como lo son, a fin de cuentas, todas las ideologías).

La presentadora de Canal N Carla Tello entrevista a la expresidente del Consejo de Ministros, Ana Jara, sobre violencia contra la mujer. Esto a cuenta de los indignantes casos que agreden la conciencia nacional. En la conversación la colega Tello –con la cara de circunstancia que suele poner cuando algo no comulga con su particular forma de pensar– le pregunta a la política cómo se puede hacer para solucionar esta grave epidemia social si en el Congreso se veta cualquier iniciativa que contenga la palabra “género” como si fuera una “mala palabra”. Jara le responde que hay que “educar” a la gente y a los padres de familia para que “entiendan” que la “igualdad de género” y el “enfoque de género” son buenos porque significan, según ella, que las niñas tendrán los mismos derechos que los niños cuando sean adultos y nadie les impondrá patrones que no quieran.

Termina la exministra diciendo que no hay que temer al “enfoque de género”.

Tengo una impresión absolutamente opuesta. A la colega Tello y a otras como ella le diría que… sí, pues, “género” es una mala palabra. Y lo es por lo que implica: una construcción arbitraria y dogmática de ver el mundo como lo son, a fin de cuentas, todas las ideologías. De más está decir aquí que TODO enfoque es ideológico. Y, la historia demuestra que la libertad humana perece en el altar de cualquier utopía. Por eso me opongo con todas mis fuerzas a que con el abracadabra del “género” se conculquen libertades fundamentales como el derecho que los padres tienen a elegir cómo educan a sus hijos.

El Estado, por el contrario, no tiene ningún derecho a obligar a nadie mediante la educación a suscribir ni militar en ideología alguna. El Estado no tiene ningún derecho a obligar a nadie a utilizar lo que los activistas de género llaman “lenguaje inclusivo”. No tiene derecho a modificar el himno nacional para amoldarlo a ese lenguaje. No tiene derecho a determinar que los padres puedan perder la custodia de sus hijos si no “aprueban su identidad de género”. No tiene derecho a que los menores de edad puedan abortar sin consentimiento paterno porque “mi cuerpo es mi cuerpo”. No tiene derecho a condicionar la ayuda financiera a grupos o empresas que no estén a favor de sus paradigmas de “género”.

¿Ya ve, señora Ana Jara, todo lo que implica el “género”? ¿Ya lo comprendió, Carla Tello? ¿O no saben acaso que todo lo que reseño pasa, por ejemplo, en Canadá?

No son, pues, los padres de familia (¡pobres “ignorantes” que no entienden nada según los “mandarines de la cultura”!) los que deben ser “educados”. Por el contrario, son los más humildes quienes intuitivamente reconocen la entraña del mal. Los ignorantes son los que hablan porque tienen boca y pantalla al frente o porque, como Jara, quieren subirse a un carro que va en sentido contrario de sus propias convicciones sin ni siquiera saberlo.

¡Basta de usar la violencia contra las mujeres como coartada para validar una ideología totalitaria y antidemocrática! Enough is enough!


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