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Opinión


6 Noviembre, 2018.

#EnModoSobrevivencia

Poderes del Estado, justicia y medios de comunicación en un país convertido en campo de batalla

¿Algún día tendremos en el Perú una institucionalidad fuerte y capaz de controlarse a sí misma? ¿Podrá cada organismo del Estado conservar su cuota de poder, sin interferencias? Ojalá, sobre todo en beneficio de nuestros hijos… porque hoy nuestro país es un campo de batalla.

Todos contra todos, al mejor estilo de Hobbes: “La naturaleza humana es un instinto de conservación al que todas las personas tenemos derecho, pero el ejercicio de ese derecho implica el enfrentamiento entre los hombres, vale decir, la guerra”.

Efectivamente, nos encontramos en “modo sobrevivencia”. Un Ejecutivo absolutamente empoderado luego de su pequeño triunfo, fruto de la connivencia de dos “súper estrellas” de la administración de justicia que –violando todo principio de legalidad y lo dispuesto por el Tribunal Constitucional– dictaron larga prisión preventiva contra la líder de oposición, con el avasallador respaldo de los medios, convenidos aliados que han perdido toda decencia (desde sus entrevistas editadas, pasando por amarillistas e invasivos programas, hasta sensacionalistas portadas), además de congresistas suplicantes y humillados que desean dialogar y mantener lazos con el poder (a cualquier precio) y, a más inri, una población anestesiada que se conforma con sueños de bienestar. Marcador 1-0: gol de offside que el árbitro dejó pasar.

Diciembre es mes de referéndum y celebración. La gente estará eufórica y distraída, gastando lo que tiene y lo que no. Sin embargo, suele ser más compasiva y perdonavidas, producto de sus efímeros cargos de conciencia por la cercanía de la Navidad. Sin embargo, estimo que a mediados de enero se empezaran a sentir los estragos de este gobierno intransigente que ha llevado al país a un momento muy dramático. Para entonces el presidente estará próximo a cumplir un año de mandato, sin que se conozcan mayores avances –salvo en muy honrosas excepciones como ESSALUD–, porque ni siquiera ha cumplido los objetivos que denominaron a este año como el del “Diálogo y la Reconciliación Nacional”. Todo lo contrario, pareciera que el nombre hubiera sido inspirado por la más sutil ironía; han sido tiempos borrascosos, de miedo, división, ajustes de cuenta y justicia digitada.

Un agravante adicional para esta parálisis es el hecho de que estrenarán cargo los gobernadores regionales y alcaldes, por lo que el compás de espera en las obras de reconstrucción e infraestructura (tantas veces ofrecidas y reiteradas) será aún más largo y desgastante. Manejarán los presupuestos de las generosas transferencias ordenadas por Martín Vizcarra y mientras toman posesión del cargo y ordenan sendas auditorías (al mejor estilo de Susana Villarán) no moverán un papel salvo que hayan asumido compromisos antelados, lo cual, por su celeridad y diligencia en demasía, saltarán rápidamente a la vista. Es necesario mantenerse muy vigilantes aunque sin perder de vista las acciones también paralizantes de la Contraloría. No puede llover sobre mojado.

En este perverso contexto, en el Perú no nos atrevemos a debatir los problemas fundamentales con respeto y libertad porque cada palabra genera prejuicio y politización. Sobre todo en lo más desatados, aquellos de pobre comprensión lectora que se ocultan en el anonimato y que descargan todas sus frustraciones en los 280 caracteres de un tuit. Siempre me pregunto como sería el país sin redes sociales. ¿Quemarían iglesias? ¿Habría más crimen? Por lo menos el Twitter sirve de catalizador, aún a pesar de los inmensos efectos secundarios.

Invoco a los medios para que cambien de rumbo, para que asuman un liderazgo propositivo que incentive un diálogo sereno y de nobleza. Saben de su importante llegada a la opinión pública; saben que podrían jugar un rol trascendental en nuestra historia; pero no se atreven, no se quieren arriesgar. Y es que del mismo modo están en modo sobrevivencia: el papel y la señal abierta agonizan.

Termino citando las duras palabras de la genial periodista Martha Meier Miró Quesada en su columna del último domingo en el diario Expreso: “La historia juzgará duramente a esa prensa que desinforma, siembra odio y divide a los peruanos, justamente cuando se requieren puentes para viabilizar al país y avanzar hacia un mañana justo y bueno”.

Las oportunidades nunca esperan; las reacciones tardías solo generan arrepentimiento y desolación. Por una sola vez, los medios no deberían tomar decisiones en función a su rentabilidad sino al deber ser.


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